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Menstruación y running.

Por: Karla Tovar

Hablar de este tema no es fácil porque no todas las personas que menstruamos tenemos los mismos síntomas, ni lo hacemos de la misma forma, pero creo que es importante dejar de aparentar que no lo hacemos o que no es parte de nuestras vidas.

En lo personal no es algo que me agrade, la realidad es que a nadie le gusta sentirse mal, pero corriendo (en mi caso) he tratado de sacarle ventaja.

El primer día de mi periodo los calambres son horribles y generalmente es muy incómodo correr o hacer ejercicio. Estoy completamente hinchada y es como si cargara 10 veces mi peso.

Muchas veces he intentado seguir entrenando para “demostrar” que algo así no puede detenerme pero siempre sale contraproducente; voy cansada, luchando y sufriendo. Así que la última vez hice las paces conmigo misma y me prometí que la primer semana de mi ciclo dejaría a mi pobre útero descansar.

Pero no todo en esta historia es horrible. Me di cuenta que la segunda y tercer semana de mi periodo tenía mucha más energía que de costumbre. Estos días he hecho mis mejores tiempos y he aprovechado para hacer intervalos o romper mis récords.

Traté de investigar un poco y resulta que es cierto. A lo largo del mes hay muchísimos cambios en nuestro cuerpo que pueden ayudarnos a distribuir mejor nuestros entrenamientos:

Fase folicular: más energía y mejor recuperación.

La fase folicular tiene lugar entre los días 5 y 14 del ciclo. Durante esta fase, los niveles de estrógeno van aumentando progresivamente hasta llegar a su máximo el día 14, en la ovulación.

Por este motivo, nuestro cuerpo es capaz de ir más rápido y sentirse más fuerte, es recomendable entrenar con pesas, fartlek o intervalos de velocidad. Verás como tus tiempos se ven favorecidos por el uso de glucógeno en esta etapa.

Además en esta fase tenemos mayor capacidad de esfuerzo y una mejor recuperación, parámetro que se incrementa conforme aumenta el estrógeno. La asimilación de la carga del entrenamiento se eleva, los estados de ánimo son favorables  y también el volumen de oxígeno máximo (VO2Max). Todo ello se produce de manera progresiva en el camino hacia el día 14 del ciclo menstrual.

En definitiva, durante la fase folicular se logra un óptimo rendimiento deportivo que permite aumentar la intensidad y la duración de los entrenamientos.

Día de intervalos de velocidad en pista.

Ovulación: el pico del rendimiento.

La ovulación se produce en la mitad del ciclo, en torno al día 14, y dura unos tres días. Éste es el punto máximo de rendimiento y de mayor fuerza de las personas que menstruamos, gracias a la elevada cantidad de estrógeno presente en el cuerpo.

En esta etapa observa cómo reacciona tu cuerpo a las distancias largas. En mi experiencia, podría correr y correr kilómetros sin cansarme y mantener un ritmo constante.

Entrenamiento de distancia con ritmo constante durante la fase ovulatoria.

Fase lútea: primeras señales de que el ciclo se repite.

En esta etapa la progesterona se encuentra en gran cantidad en el organismo al tiempo que disminuye el estrógeno. La mayor presencia de la progesterona influye en el rendimiento ya que es una hormona catabólica (favorece la obtención de energía).

Es normal sentirte cansadx, desanimadx o irritable en esta etapa, pues tu cuerpo está preparándose para iniciar el siguiente ciclo o en algunos casos, un embarazo. En esta etapa, trato de escuchar a mi cuerpo y bajar la carga de ejercicio, de correr sin presiones y simplemente dejar que todo vuelva a equilibrarse.

Primer carrera del ciclo con variaciones en los ritmos

Sin duda, los entrenadores/as deberían tomar en cuenta estos datos para adaptar los entrenamientos a estos periodos pero mientras eso sucede, es importante que identifiques estas etapas para que puedas conocer mejor cómo funciona tu cuerpo.

Reconocer cómo me sentía a lo largo del mes, me permitió ser más amable conmigo misma y utilizar todos esos síntomas a mi favor.

Recuerda que todxs somos diferentes y que lo importante es que encuentres algo que a a ti te funcione y te permita disfrutar de este deporte al máximo.

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Mujeres en movimiento.

Palabras: Tammy S.

Entrevista: Karla Tovar.

Una de las ventajas y regalos que nos han traído las redes sociales es poder conocer a corredores de todo el mundo. Gracias a ellas hemos podido cruzar fronteras, salir de nuestra burbuja y empatizar con muchas personas que al igual que nosotros, están buscando una salida o cambio en este mundo tan caótico. 

Así fue como conocí a Tammy, una corredora de Brooklyn con la que he formado un fuerte lazo. Desde que empezamos a escribirnos, fue como si ya tuviera años de conocerla. 

Lo que más me impactó del contenido de Tammy en redes sociales es el mensaje de empoderamiento y empatía que refuerza a través de su perfil y proyecto Women Make Moves. Pues creo que en el running (y en el mundo) falta muchísimo para consolidar esos dos conceptos. 

Fotografía: Tammy

En México, a pesar de que hemos avanzado bastante en temas de empoderamiento e igualdad, aún nos falta mucho. Solo es cuestión de salir a correr a la calle y mirar un poco a tu alrededor: ¿Cuántos equipos liderados por mujeres conoces? ¿Cuántos equipos de mujeres conoces que de verdad rompan estereotipos y de verdad sea inclusivo? ¿A cuántas mujeres saludas o lanzas palabras de aliento cuando corres? ¿Cuántas entrenadoras conoces? 

La realidad es que la sororidad aún es muy selectiva y la mayoría de las veces si no entras en el molde que se ha creado para la mujer en el mundo del fitness, tu esfuerzo automáticamente se invalida. Pero conocer el proyecto de Tammy me generó una luz de esperanza y decidí invitarla a contar más sobre su historia y este mensaje. 

Te invito a leer a continuación la entrevista completa. 

  1. ¿Cómo fue crecer en Nueva York siendo latina?

Crecí en Miami, Florida con mi familia venezolana. Cuando vine a Nueva York fue increíble ver a otros latinos en el lugar y me hizo sentirme más orgullosa de ser latina y en especial, ser de Venezuela. He notado que cada vez hablo menos español que cuando estaba en Miami, pero eso me hace apreciar aún más cuando lo hablo y estar rodeada de otros latinos. 

Definitivamente me esfuerzo por representar a mi cultura en todo lo que hago, es parte de mí y siempre trato de mostrarme de la forma más auténtica. 

2. ¿Cuándo decidiste empezar a correr?

Empece a correr cuando era más joven en la escuela; me uní al equipo de cross country y poco tiempo después dejé de hacerlo. Volví a empezar cuando me mudé a Nueva York y estaba empezando a entrenar para un Spartan Race. Lo retomé mientras entrenaba y lo hice de manera constante semanalmente y ahí volví a caer en él. A partir de ahí desarrollé un gran amor por las distancias largas, mientras entrenaba para mi primer medio maratón y después me convertí en entrenadora. Correr se ha convertido en una gran parte de mi vida y estoy agradecida de poder hacerlo cada vez que salgo. 

3. Te conocí gracias a Rage&Realease, pero ahora tienes tu propio proyecto: Women Make Moves. Una poderosa manera de representar tu forma de ser y sentir en el running. ¿Cómo nació esta idea?

Después de ver cómo las mujeres en la comunidad solo se destacaban durante el Mes de la Historia de la Mujer y cómo no había muchos espacios donde las mujeres no se sintieran presionadas mientras hacían ejercicio, quería cambiar eso. Quería tener un grupo en el que las mujeres pudieran hacer ejercicio entre ellas, simplemente ser ellas mismas, y también empoderar a otras mujeres entrenadoras y maestras de color en el espacio de fitness/bienestar. Hablé con Kenny y Thai de Rage al respecto y estuvieron de acuerdo y me permitieron que el grupo se reuniera en su ubicación de Dean St los jueves; al principio el grupo se conocía como Women Who Rage. Después de tomar un descanso en el invierno, pasamos por algunas transiciones y luego lo renové y cambié la ubicación y el nombre y nació Women Make Moves. Sigue siendo mi mismo concepto y se trata aún más de celebrar a las mujeres y apoyarse mutuamente. Nuestra nueva ubicación también destaca esto, ya que es el primer estudio de yoga y bienestar propiedad de una mujer negra en Brooklyn y todas las mujeres han apoyado mucho al grupo. 

“Hay una energía mágica cuando nosotras, como mujeres, hacemos ejercicio y corremos juntas y definitivamente quería resaltar eso al crear este grupo.”

Fotografía: @dhash

4. ¿En esta comunidad de mujeres también usan cannabis?No es un requisito para pertenecer al grupo pero hay mujeres en nuestra comunidad que la usan cuando participan. Definitivamente somos 4/20 friendly y son bienvenidas todas las mujeres que fuman o no fuman. 

5. En México no hay muchos espacios seguros para las mujeres que corren. En Brooklyn es igual? ¿Cómo lidian con la inseguirdad?

Desafortunadamente las mujeres aún lidian con el acoso mientras corren, incluso hay ataques, lo que hace que correr sola sea aún más aterrador. Si bien en este mundo es un problema constante, hemos tomado precauciones, como correr con otras personas, enviar su ubicación y llevar artículos para protegerse. Esta también es una razón por las que me aseguro de que nadie se quede sola durante nuestras carreras, todas nos cuidamos unas a otras.

6. ¿Cuál es tu objetivo con Women Make Moves?

Espero que este grupo crezca: que todas las mujeres sepan que hay un espacio donde pueden ser ellas mismas y ejercitarse con otras mujeres y entrenadoras increíbles. Quiero que cada mujer que venga se divierta y se sienta bien después de cada entrenamiento. Como mujeres, lidiamos con demasiado, quiero que este lugar sea para desestresarse y simplemente estar. Venir a un entrenamiento ya es un logro, así que me aseguro de celebrar su presencia y mantener la vibra alta de principio a fin. 

“También espero que este grupo anime a más grupos a tener este entorno, de aumentar más la cantidad de grupos liderados por mujeres en el running; así como espacios auténticos donde las mujeres de todos los ritmos, tonos y tamaños de verdad puedan sentirse bienvenidas”

Fotografía: Tammy

7. La mayoría de las mujeres crecimos pensando que las otras mujeres son nuestras enemigas. ¿Cómo erradican ese mensaje en tu equipo?

Hay un hermoso sistema de soporte entre las mujeres durante cada entrenamiento y todo se ha dado orgánicamente. Hemos hecho presentaciones para que todas puedan conocerse y también dar la bienvenida a nuevas integrantes y al final, las mujeres terminan animándose entre sí en los entrenamientos, También hemos enfatizado en todos nuestros mensajes que este es un espacio para que las mujeres crezcan y suden juntas; nunca mencionamos un tono de negatividad o competencia entre ellas. 

“Women Make Moves da la bienvenida a cualquier persona que se identifique como mujer de todos los tonos, edades, ritmos y tamaños. 

Fotografía: Women Make Moves

Nos esforzamos por celebrar y apoyarnos unas a otras y esto ha creado excelentes conexiones, incluso fuera de los entrenamientos y es increíble.

Women Make Moves empezó a principios de marzo, así que oficialmente es nuestra tercera semana, lo cual es emocionante. Estoy feliz y agradecida de trabajar en conjunto con Jyll y Porcia, la dueña y gerente de Urban Asanas: una mujer dueña de un estudio de yoga y wellness donde realizamos nuestras reuniones semanales. Empezamos con unas diez mujeres y estamos emocionadas de ver que se expande a medida que aumentamos la difusión y nos acercamos a un clima más cálido. 

8. “No hay nada que las mujeres no podamos hacer”. Es uno de los mensajes más recurrentes en las redes de Woman Make Moves. ¿Cómo consideras que correr empodera a las mujeres?

Esa es definitivamente una gran creencia que tengo y que resuena dentro de Women Make Moves: las mujeres podemos hacer CUALQUIER COSA. 

Correr, creo que es diferente para todos, pero hay una gran sensación de logro después de completar una carrera. He tenido mujeres participando que nunca habían corrido antes y se emocionaron mucho cuando lo completaron, así como algunas que no pensaron que podrían correr a cierta velocidad y luego superaron sus expectativas. Correr definitivamente es un estimulante del estado de ánimo y creo que todos definitivamente nos sentimos increíbles después de que terminamos. Como mencioné antes, celebramos a todas las mujeres que se presentan y completar una carrera juntas es solo uno de los muchos avances que hacemos como grupo e individualmente.

9. ¿Cuál es el consejo que le darías a todas las mujeres que no salen a correr porque aún se sienten avergonzadas de su cuerpo o no encajar en el molde de la perfección?

Ha habido (y todavía hay) cosas y personas en la sociedad que le dicen a las mujeres que tienen que lucir de cierta manera, tener cierto peso para ser consideradas «corredoras». Yo digo: A la mierda con eso! No hay requisito físico. Cualquier tipo de cuerpo puede ser un corredor: te pones los zapatos y sales, eres un corredor, ya sea que salgas a correr una carrera corta o larga, puedes hacerlo. Recuerda que esto es para TI y solo para ti.

Fotografía: @dhash

10. ¿Alguna otra cosa que quieras agregar?

Me siento afortunada y agradecida de estar cerca y conocer mujeres de todas las áreas que me inspiran de múltiples maneras. Todavía queda mucho trabajo por hacer para que las mujeres sean reconocidas y debidamente respetadas, pero tengo esperanza y me esfuerzo por ayudar a impulsar ese cambio. Independientemente de lo que suceda, las mujeres están aquí y seguirán despertando, haciendo lo suyo y haciendo movimientos.

Entrevista original en inglés:

1. How was it for you growing up in New York City as a latina?

I was raised in Miami FL with my Venezuelan family. When coming to New York it was great to see other latinos in the area and it just made me prouder to be a latina and especially from Venezuela. I find sometimes I speak less Spanish than when I was in Miami but it makes me appreciate it more when I do speak it and surround myself with other latinos. I definitely strive to represent my culture in everything I do- it’s a part of me and I aspire to show up as my full authentic self always. 

2. When did you decide to start running?

I first began running when I was young in elementary school; I had joined the cross country team and then dropped running not too long after. I restarted again when I got back to New York and was training for a spartan race. I picked it back up while training and did it consistently on a weekly basis and fell back into it. From there I developed a love for long distance while training for my first half marathon and became a coach. Running has become a huge part of my life and I’m grateful that I get to do it every time I go outside.

  1. eing and feeling the Running: how was the project born?

After seeing how women in the community were mostly being highlighted only during Women’s History Month and how there were not a lot of spaces where women weren’t feeling pressured while working out , I wanted to change that. I wanted to have a group where women can workout with each other, just be themselves, and also highlight other women coaches and teachers of color in the fitness/ wellness space. I had spoken to Kenny and Thai from Rage about it and they agreed and let me have the group meet at their Dean St location on Thursdays- it was known as Women Who Rage. After taking a break in the winter, we went through some transitions and then I revamped it and changed the location and name and Women Make Moves was born. It is still my same concept and is even more about celebrating women and supporting each other. Our new location also highlights this as it’s the first Black Woman owned yoga & wellness studio in Brooklyn and the ladies have been so supportive of the group. There’s a magic energy when we as women work out and run with one another and I definitely wanted to bring that out with creating this group. 

4. In this community of runners also use cannabis?

It’s not a requirement of our group but we do have ladies that use cannabis that participate. We definitely are 4/20 friendly and welcome all smokers and non-smokers.

5.In Mexico there are almost no safe spaces for women to run. In Brooklyn is it the same? How do they deal with insecurity?

Unfortunately women still deal with harassment while running and it even led to attacks which makes it even more scary to run alone. While this is an ongoing issue, women have been taking precautions such as running with others and making sure they let someone know their location as well as carry items for protection. This is also a huge reason why I make sure no one is left alone during our runs- we all look out for each other.

6. What is your goal with Women Make Moves? 

My hope is for this group to grow: for all women to know that there’s a space for them to be themselves and to workout with other amazing ladies and coaches. I want every single woman who comes to have fun and feel good after each workout. As women we deal with so much, that I want this to be somewhere they can destress and just be. Coming to a workout is already an accomplishment within itself so I make sure to celebrate them for showing up and keep the vibes high from beginning to end. I also hope this sparks more groups to have this setting as well as increase the number of women led groups in the community as well as genuine spaces where women of all paces shades and sizes can really feel welcomed. 

7.Most of us grew up thinking that other women were our enemies. How did you manage to eradicate this in your team?

There has been this beautiful support system between the ladies during each workout that’s been created organically. We have done introductions so everyone can meet each other and also welcome any new members and the ladies end up cheering each other on during the workout. We have also emphasized in all messaging that this is a space for women to grow and sweat together- we never mention any tone of competition or negativity towards each other. Women Make Moves welcomes anyone who identifies as a woman of all shades,

8.How many women are part of this project?

Women Make Moves just started in the beginning of March so we are officially on our third week which is exciting. I’m happy and thankful to also partner up with Jyll and Porcia, the owner and manager of Urban Asanas: a woman owned yoga and wellness studio where we hold our weekly meetups. We have started with about ten women and are excited to see it expand as we increase promotion and also get into warmer weather.

ages, paces and sizes. We strive to celebrate and support one another and this has created some great connections even outside of the workouts and it’s amazing.

  1. «There is nothing that women cannot do». It is one of the most recurring phrases in Women Make Moves, how do you think that running empowers women?

That definitely is a big belief I have and that resonates within Women Make Moves- We ladies can do ANYTHING. With running, I think it’s different for everyone but there is such a sense of accomplishment after completing a run. I have had women participate who have never ran before and got so excited when they completed it as well as some who didn’t think they could run at a certain speed and then surpassed their expectation. Running definitely is a mood booster and I think we all definitely feel like badasses after we are done. Like I have mentioned before, we celebrate all women who show up and completing a run together is just one of the many strides we make as a group and individually.

10. What is the advice you would give to women who don’t go running because they are still ashamed of their bodys?

There’s been (and still is) things and people in society that tells women they have to look a certain way, be a certain weight in order to be considered a «runner». I say F that- there’s no physical requirement. Any body type can be a runner- you go put on your shoes and go outside, you’re a runner- whether it’s going out for a short run or longer, you can do it. Remember that this is for YOU and you only. 

12. Anything else you want to add?

I’m lucky and grateful to be around and meet women from all areas who inspire me in multiple ways. There’s still a lot of work to be done for women to be acknowledged and rightfully respected but I have hope and strive to help push for that change. Regardless of what happens, women are out here and will continue to wake up, and do their thing and make moves. 

EAT.RUN.REPEAT

¿Te gustaría contar tu historia?

Al final solo se trata de correr

Por Arturo Espinosa


Darle la mano a la soledad es una tarea titánica, abrazarla y enriquecerte con ella es un trabajo para toda la vida.


Lo más complicado de querer ser un corredor de distancia larga es aprender a respetarte. No compararte, no hacer los ejercicios de otros que ves en redes sociales, no tener los mismos sueños, no ser una copia. El lado opuesto y el realizable de acuerdo a tus posibilidades (tanto físicas como económicas) es el más satisfactorio. Zancar las piernas a tu estilo, mirar tus propósitos cumplidos con una sonrisa, cambiar tu forma de pensar, empezar a creer en una cierta espiritualidad que te regala correr. Como nos orientaba Murakami en alguna ocasión, ‘un vacío acogedor y casero’.

Corrida nocturna por las calles de Azcapotzalco y Miguel Hidalgo

Cuando corro en la Ciudad de México, si es que no estoy haciéndolo rutinariamente en el Bicentenario, siempre salen más preguntas que respuestas. ¿Por qué? ¿Por qué la ciudad es tan agresiva con los corredores? ¿Por qué todas las rutinas de larga distancia están empeñadas a realizarse en la zona céntrica? ¿Qué sucede con los barrios que sí son barrios? ¿La descentralización algún día llegará a nuestra sucia capital y podremos ver comunidades, espacios y una verdadera cultura? Trato de cambiarlo a mi manera, arrancando desde mi calle y llevando mis piernas hacía la soledad. Al silencio nostálgico que empieza a llenarse de bullicio, smog, humo de tamaleros y pitidos de claxón de autos que deben llegar con la mayor rapidez posible a su destino. Una ciudad que vive una euforia desmedida sin fundamentos.

Una típica taquería callejera

Todo lo que podrías imaginar que tiene una gigantesca urbe, lo tiene la Ciudad de México. Cuando salgo por las mañanas me gusta pensar, que además de mí, hay cientos de personas que están viendo el graffitti mal logrado, a las personas instalando su puesto ambulante, al joven de la bicicleta llevando alguna mercancía o al perro callejero que empieza a buscar su primer bocadillo del día, en vez de mirar su reloj y preocuparse por su frecuencia cardiaca.


No lo tomes a mal, me encanta competir, pero cada carrera no es una competencia. Cuando estoy en ciclo y cuando no estoy en ciclo, que es casi todo el tiempo (si esa analogía se puede entender que me gusta correr sin tener alguna meta en especial), tomo las distancias largas como una manera sencilla de decirle a mi cuerpo y a mi mente que la ciudad es un regalo. Uno que dura 90 o 120 minutos de frío viento en el rostro. Uno para encasillarme en la música y escucharla, pero de verdad escucharla. Uno para frotar el pavimento y agradecer que pude hacer esto de nueva cuenta. Uno para enseñar que mi ciudad es mucho más que tiendas de lujo en Masaryk o un potente pulmón de vida como Chapultepec. Y aunque claro que me verás pasar por esas avenidas y sitios concurridos por decenas de aficionados como yo los fines de semana, ya habré manchado mis suelas con la México-Tacuba y esquivando peatones por Cuitláhuac.


Correr nos enseña a perseguir la creatividad, y sobretodo la claridad. Hace que los pensamientos vengan con menos bucles y las construcciones sean más sencillas. Creo por eso muchos grandes sabios de esto atañen el correr como un deporte mental. Los kilómetros y las millas siempre serán más sencillas cuando profundizamos con nuestra esencia y declaramos que esto va mucho más allá de los súper tenis, la ropa con una mercadotecnia gigantesca y la falsa creencia de elección en ese ámbito.

13k un lunes por la noche

Mientras corremos alrededor de un parque o cruzamos la ciudad entera en una sesión para algún maratón o por mera diversión, seguimos creyendo que al final solo se trata de correr. Que aunque suene como una frase de «poco compromiso», es más bien un discurso de apertura e inclusión, porque correr es un deporte para compartir y hasta trascender como individuos. Es esa la grandeza y el compromiso personal a perseguir.

Por si llegaste hasta este punto, donde quise sacar varias ideas que tenía en mi cabeza desde hace algunos meses, seguiremos corriendo y el espacio abierto sigue aquí como la única constante. Sin frases motivacionales de redes sociales ganadoras. Sin excluir a nadie por dónde viven y pueden correr. Y esperamos, con el paso del tiempo, Rungry sea el espacio que estabas buscando y se adapte a tus necesidades como corredor. Nos vemos en mayo para iniciar un ciclo en conjunto para el Maratón de la CDMX. Disfruta de una corta playlist para un viaje tranquilo.


Correr no me hace feliz todo el tiempo

Por Karla Tovar

Así como lo lees. Aunque en redes sociales parezca lo contrario, correr no me hace feliz todo el tiempo. ¿Por qué? Porque simplemente  la vida no es perfecta, porque no solo soy corredora, también soy un ser humano que tiene que lidiar con diferentes situaciones en la vida, buenas y malas. 

Ojalá mi vida se centrara solo en correr pero no es así. 

Los últimos meses del 2021 fueron muy complicados por muchas razones. En Octubre nos enteramos que uno de nuestros perros tenía cáncer y no se podía hacer nada al respecto; solo esperar, vivir al día y estar preparados para lidiar con el dolor cuando fuera el momento. Llevábamos ahorrando para el Maratón de California más de 6 meses y tuvimos que cambiar todo en 2 días porque el COVID 19 sigue haciendo de las suyas y el tema de las vacunas se convirtió en un tema político. Esto implicaba mucho más esfuerzo, más dinero y volver a organizar todo. Sé que muchos corredores/as no lo mencionan, pero correr en el extranjero representa un desafío y no es para nada barato. Sin duda la experiencia es única pero creo que es importante dejar de aparentar que nada cuesta trabajo y que si quieres viajar por el mundo (siendo un mexicano promedio como nosotros) hay que trabajar y privarte de algunas cosas para conseguir otras. 

Además de todo eso, tenía que lidiar conmigo misma. Con mis propias inseguridades, con mis propios miedos… me sentía perdida en muchos aspectos. Sentía que nada de lo que estaba haciendo tenía sentido, incluso con Rungry. Empezaba a compararme con otros creadores de contenido, me desanimada saber que las mujeres no asistían a los trotes que organizábamos (de esto profundizare después) y no entendía porqué la mayoría de corredores/as competían tanto por ser populares y su afán por tener miles de seguidores en redes sociales sin crear conexiones reales. 

Todo iba cayendo como efecto dominó. 

Aún con todo eso, viajamos y dejé que la “Karla del futuro” se estresara cuando volviera a México por todas esas cosas. 

Una ventaja de la pandemia es que ahora podemos trabajar desde cualquier parte del mundo, por lo menos los que nos dedicamos a los medios digitales. Esto nos permitió seguir trabajando y no padecer en un país tan caro como Estados Unidos.

Disfruté muchísimo salir de mi zona de confort. Conocer nuevos lugares y personas es algo gratificante, aprendí mucho. Creo que esas experiencias son de las cosas que siempre perduran en tu vida, no lo material. 

Diciembre fue el mes que MENOS kilómetros acumulé, incluso hubo una semana en la que solo corrí 3 kilómetros. Después de regresar de California es como si hubiera chocado de frente con una pared gigantesca. Las piernas no me respondían, sentía que cada vez que corría cargaba dos costales de piedras, no tenía ganas de correr rápido, estaba harta de la presión social y decepcionada del mundo que me tocó. Me sentía estancada en muchos aspectos. 

En el libro de “¿De qué hablo cuando hablo de correr?” de Haruki Murakami leí alguna vez sobre el fenómeno de “Runner’s blue, la tristeza del corredor” que define: 

“Entre el correr y yo se había presentado esa época de pereza y hastío que les llega a muchos matrimonios. Esa época dominada por la desilusión de no ver recompensados suficientemente, los esfuerzos y la sensación de bloqueo, porque esa puerta que debería estar abierta se ha cerrado irremisiblemente en algún momento. Denominé a eso Runner’s Blue, la “tristeza del corredor”.

(…) Ya no conseguía localizar en mi interior tan claramente como antes el entusiasmo por “querer correr”. No sé por qué. Pero no podía negarlo. Algo había ocurrido en mi interior”. 

No sé si es lo que me pasó pero definitivamente lo que sentía era similar. Perdí por completo las ganas de correr, sentía que estaba en un loop infinito: despertar, correr, comer, dormir. Me enojaba solo el hecho de pensar en salir a correr, me ahogaba en la rutina y el estrés por no poder controlar nada de lo que estaba pasando y esto empezaba a causar estragos en mi cuerpo. 

Dejé de usar mi reloj y salir sin celular para evitar preocuparme por el tiempo y me di cuenta lo dependientes que nos volvimos a la tecnología y las cosas materiales. Aunque no traía reloj, cada vez que me detenía, inconscientemente miraba mi muñeca o trataba de detener el temporizador. Esa maldita presión por tener todo extremadamente controlado, en ser perfectos todo el tiempo y en no fallar en ningún momento se reflejan en cosas tan tontas como no usar dicho accesorio un día. 

La última semana del 2021 trajo muchas sorpresas y en un instante todo dio un giro de 180 grados. Llegué a los 30 años, me ofrecieron un nuevo trabajo, tuve increíbles charlas con amigos y familiares que me hicieron valorar más cada instante que compartimos. Conocí a nuevas personas gracias a Rungry. Poco a poco todo iba volviéndose a acomodar y mis pies regresaban a la Tierra. 

Después de todo este contexto que acabo de darte sobre mis momentos más oscuros del 2021, me di cuenta (el último día del año) que puedo lograr todo lo que quiera, que a veces le damos mucha importancia a lo que piensan los demás sobre nosotros y dejamos de escribir nuestra propia historia, que está bien hartarnos de la vida de vez en cuando y querer un cambio. 

Porque sin cambios no hay progreso.

Y una de mis prioridades este año es marcar un cambio con este proyecto. Mostrarte que el mundo es diverso, que hay oportunidades para todxs, que está bien ser diferente y que la perfección solo existe en las películas. Ofrecerte un espacio en el que puedas ser tú mismx, así, sin ataduras. 

Si estás pasando o pasaste por un momento similar, lo importante es que reconozcas qué es lo que te está frenando y te des permiso de estar mal; pero que todo eso que te hace sentir mal, también sea un impulso para mejorar.  A veces lo único que nos frena es el miedo, el miedo a equivocarnos. El miedo a no cumplir los estándares de los demás. 

Y cómo bien me dijo un gran amigo cuando le conté sobre mi nuevo trabajo: “Es irremediable equivocarte. Lo harás de alguna manera. Pero vas a saber cómo solucionarlo y lidiar con ello, eso es lo que te va a distinguir, no el error”. 

Tengo muchos retos que afrontar en el primer trimestre del 2022 pero el primer aprendizaje que me dejó el año pasado, fue a disfrutar mucho más el presente, pues es de lo único que tenemos certeza. 

Sé que la alegría por correr muchos kilómetros volverá de a poco, que trazarme objetivos claros y reunirme con personas que me inspiren me ayudará a seguir en el proceso de superarme. 

Estoy segura de que volverá y volveré más fuerte. 

Todas las fotografías que ilustran esta nota fueron tomadas por Natalia para su proyecto ‘Morras on Sports’. Te invitamos a conocer su trabajo:

https://www.instagram.com/weare.morrasonsports/

Defiende tu dolor: crónica de un viaje maratónico

Palabras de Arturo Espinosa

Regresar no siempre es retroceso, al contrario, en muchas ocasiones es sinónimo de volver a intentar. Ese fue mi mantra durante todo un fin de semana. Me repetía de forma constante: “es tu segundo intento, abraza y defiende tu dolor”. Pase lo que pase, no dimitiste y aquí estás de nuevo, ahora a miles de kilómetros de casa, para agrietarte y volver a buscar eso que quieres seguir encontrando. En ocasiones lo tienes, en otras te sientes totalmente perdido. Cualquiera que fuera el resultado, el mantra iba a quedar intacto. No te ibas a caer

En una semana de muchas dudas sobre mi estado físico, sentía mucho miedo, mi rostro ya no contagiaba el “no estoy nervioso” aunque mis labios siguieran diciéndolo como una letanía. Siendo completamente honesto, creía que no completaría la distancia. Me sentía pesado, como si mis pantorrillas fueran de concreto. Tenía un mes sin haberme hecho una descarga de piernas, solo utilizaba métodos caseros como un rodillo y había adquirido una pistola de masaje, pero nada a profundidad. Estaba temeroso y dejé pasar algunos entrenamientos; en su lugar solo hacía trotes ligeros y estiraba lo más que aguantara el cuerpo. En el último tempo me sentí espeso. El caballo recorriendo el barro sin poder alzar la zancada. Mierda, no ahora. 

Sin poner ninguna alarma el sábado, tratando de dormir la mayor de horas posibles un día previo a la carrera, salimos por un clásico shake out de piernas en el parque donde está ubicado el Capitolio de Sacramento. Karla había fungido como terapeuta y las últimas tres noches me había ayudado con el masaje. La guiaba sobre los puntos a presionar y una luz de esperanza llegaba esa mañana de trote. Ya no sentía los ladrillos, mis piernas reaccionaban y el espíritu maratónico se sentía en las calles. Nunca había vivido algo similar, es una vibra poderosa. Pura energía. Unas 200-250 personas rondaban las calles. Seis hombres mucho más jóvenes que yo patrocinados por Hoka sacudían la tensión. Hacían sprints y parecía que irían por todas las canicas. Vaya que lucían rápidos. También estaba el team de Tracksmith y alcancé a ver alguno que otro mexicano, pero en realidad no conocía a nadie. Eso no me importaba, el espíritu ya había ingresado a los pulmones y mis piernas dieron el sí. Vas por todo joder. 

Shake Out – Sacramento

De repente los nervios se esfumaron y solo me concentraba en disfrutar el domingo. La alarma sonaría a las 3:45 AM, prepararía café y comería un bagel. El desayuno de siempre previo a los ejercicios fuertes del ciclo. “Lo de una distancia larga”, repetía en mi interior como si fuera algo sencillo. No lo iba a ser de ninguna manera, pero debía convencerme que así ocurriría. “Ya lo tienes, te lo ganaste, te toca ir por tu cerveza”. Esa sería mi medalla, nunca me han atraído tanto los metales al llegar a la meta, claro que tienen su significado y cualquier corredor se debe sentir ofendido por esta declaración, pero me tiene sin cuidado cómo es el diseño o qué tanto brillo puede llegar a tener. La carrera es la carrera, y la cerveza es la cerveza. Ahí está el juego: en la ruta y la cebada que tanto te prohibiste por tres o cuatro meses, aunque, también debo ser honesto, no me la prohibo tanto como los eruditos expertos en este tema de correr.  

Salimos de nuestro lugar de hospedaje (del que luego recomendaremos si quieres hacer un viaje similar) cerca de las 4:50AM para tomar el camión que dejaría a los corredores en Folsom. Al igual que Boston o Nueva York, el recorrido del Maratón de California no es circular. Va de punto a punto, la organización se encarga del transporte y ofrece varios puntos de la ciudad para llevarte hasta la línea de salida. Era una mañana bastante fría, y si no quieres perder prendas para donación, debes ir listo tal cual como correrás. Yo iría así, aunque puedes quedarte dentro del camión todo lo que desees hasta que salgas a calentar. 

A las 6:20AM ya estaba trotando a unos metros del corral de salida. Aligerando los nervios y calentando muy suave. Veías de todo: hombres de 50 años en mameluco para no perder calor corporal. Jóvenes que ya traían el ritmo por los cielos y estaban activando las piernas. Mujeres que irían en grupo para lograr una marca en conjunto. Algunos otros afinando detalles de la estrategia mientras bebían café para no enfriarse. Veteranos de la distancia. Debutantes que serían delatados por su mirada de asombro. Soñadores que irían por el tan ansiado unicornio. Incrédulos como yo que sentían sería una mañana no tan complicada. Un maratón, nada está comprado. Nada es sencillo. 

Minutos previos al disparo los corrales ya estaban estancados. Algunos pasaban a tu lado y ofrecían combustible: “Maurten, quién quiere Maurten”. Otros se encasillaban en sus audífonos y solo querían arrancar. Un señor oriental de entre 55-60 años me dijo algo, que no pude escuchar porque estaba disfrutando, o no, a los Talking Heads o Sharon Van Etten, no recuerdo muy bien. “¿Es tu primero?”, repitió cuando paré la música. “No, es mi segundo intento”, repliqué, tal vez mis nervios relucían aunque no lo aceptara. “Encuentra a tus camaradas, aún cuando no los conozcas”, aconsejó mientras lo miraba y preguntaba por su meta. “2 horas 55 minutos, veremos en el camino si se aprieta un poco”, dijo antes de que cada uno siguiera en su mundo. “Mierda, es rápido”, pensaba mientras volvía a reproducir mis audífonos. Primer error, los hubiera dejado en el buró. Espero haya logrado su objetivo, poseía una mirada fuerte, confiado pero no en exceso. Viejo lobo de mar.

Después del himno se escuchó el tan ansiado disparo y salimos encañados todos por un sueño: comernos la distancia, el tan ansiado ritual había iniciado. El servicio dominical. Que se escuche hasta el cielo. 

Todos, absolutamente todos los que han corrido un maratón te van a dar un consejo similar: “no salgas rápido, no importa qué suceda… que no te gane la emoción”. En el momento de la marcha parece que te dices: “vamos, sal con todo desde el segundo dos, ¡que se pudran tus piernas!”. Después de un primer kilómetro a 4’30”, todo iba viento en popa. Me acomodé muy bien con un grupo de entre 40-50 corredores. Yo iba hasta el final de todos, el tema de hidratación es crucial y no quería quedarme en medio, después resulta complicado salir y puedes perderte puntos de agua o electrolitos. Nunca te saltes ninguno, es vital. Me repetía mientras manteníamos un ritmo incómodo, al menos para mí, pero sostenible. Había corrido muy bien las últimas dos semanas los entrenamientos de intervalos. Creo mejor que las distancias largas. Estaba fuerte. Me sentía así. Ya no pasaba por mi cabeza el tema de las pantorrillas.

Última distancia larga del ciclo. Barnett Ranch – Ramona

Pasamos el primer punto de cronometraje en 21’52”, íbamos a un ritmo de 4 minutos con 22 segundos por kilómetro. Se había solidificado el grupo. Algunos se integraban con nosotros y muchos otros arrancarían para ir más rápido. «Tal vez fue su calentamiento«, me venía a la mente mientras me trataba de concentrar en mi respiración. Volteaba a ver a mi alrededor: viejos árboles nos cubrían de brisa invernal. Había hojas naranjas y amarillas decorando los caminos de terracería. El clima era perfecto, no tendríamos ni un rayo de Sol en toda la ruta. Pasabas por granjas y casas enormes. Cercas blancas que solo ves en películas western. Algunos valientes locales desafiaban el frío y salían para apoyar. No eran grandes grupos como los que se ven en otros maratones, pero para mí así se forma la cultura. Si una persona salió a apoyarte merece un respeto enorme. Estás en su hogar, te está dando la bienvenida. Agradécelo, corre por ellos también. El humo y la niebla se hacían uno mismo en el aire. Familias se calentaban en sus porches con leña mientras gritaban tu número. “Ve por ello, 2876”. “Luces fuerte, 1678”. El sueño se sentía más vivo que nunca. 

Pasamos el punto del 10K y ya no checaba mi reloj en cada kilómetro. El tiempo no debía ser mi rival, al contrario, es un aliado, debes estar disfrutando lo que estás haciendo, no queriendo luchar contra ello. Nunca vas a ganar ese juego. Aquí no quiero decir, “no debes ir por una marca”. Sabemos lo gratificante que es, ya luchaste por ella durante meses. Pero las obsesiones nunca vienen bien, si solo estás corriendo para demostrar algo con números y no algo para ti, puede que empieces a perder el gozo de esto. Vaya, disfrútalo. Cómete ese sub4 que tanto quieres. Califica a esa carrera que tanto te quita el sueño. Pero hazlo amando el proceso. El tiempo es un aliado, mientras más podamos hacer esto, mejor. 

Últimos intervalos del ciclo. Ramona – una calle solitaria con cuestas.

Pasando el 15k el grupo lucía más reducido. Llevábamos 1 hora y cinco minutos quemando el asfalto. Checaba a mis compañeros de ruta y solo dos de los 25 que ya íbamos en marcha llevaban música. “¿Qué estoy escuchando? ¿Disfrutas la playlist que hiciste? ¿Recuerdas siquiera cómo se llama esta canción?”, me cuestionaba al percatarme que no había prestado atención los 20 minutos anteriores, solo estaba en automático con las canciones. Que se pudra la música, hoy no era día de traer audífonos. Hice malabares durante los siguientes dos kilómetros con ellos. No podía introducirlos a mi short o al cinturón donde llevaba mis geles. Mis guantes ya estaban empapados por la torpeza en como recoges la hidratación otorgada por los gigantescos voluntarios. Pude quitarme uno de mi mano y al fin solucionar el problema. Seguimos vivos. 

El medio maratón estaba marcado por un arco: “¡estás a mitad de camino!”, tenía inscrito como si eso fuera una buena noticia. Otros 21 kilómetros. Gritaba en mi interior mientras me atragantaba con un gel. Vaya forma de vivir un domingo. Al pasar el 26k el grupo ya solo admitía a pocos locos que seguían arrastrando las piernas por el concreto. Quedábamos 13 o 15, entre todos dos mujeres muy duras, que vivíamos respirando agitadamente mientras intentábamos regular nuestro ritmo cardiaco. Iría a no menos de 175-180 pulsaciones por minuto. Iba quemándome, aunque todavía no lo sabía. 

Los próximos 4 kilómetros fueron duros. Iba codo a codo con un señor de entre 45-47 años vestido totalmente de blanco. Pasamos por un abastecimiento de geles y no pudo agarrar alguno. “Shit”, se escuchó entrecortado mientras seguíamos bailando con el Diablo. Extendí mi mano y tomó uno de los dos que traía conmigo. “Gracias, hermano, muy agradecido”, dijo. Solo alce mi palma, no quería hablar, seguía manteniendo el ritmo, pero ya no me sentía tan fuerte. Los estragos habían llegado a mi cuerpo. Al 34k empecé a perder a mi flota, un puesto de agua me hizo quedar 5 segundos extra. Le valdría la culpabilidad los siguientes 6 kilómetros, lo señalé aunque no fuera verdad. Me había atrasado y me era imposible alcanzarles. “Si los puedes ver, no todo está perdido, haz un intento más adelante y vuelve a pegarte”, pasaba por mi cabeza en una misión que no podría completar. Se alejarían. Minutos después eran fantasmas para mis ojos. 

El último tramo de la carrera me sentía hundido. Mi caballo había abandonado la carga y mis piernas estaban cubiertas de plomo. Si quería ir más rápido sentía que caía. “Solo debes mantener el paso, quédate cómodo”, le gritaba una mujer a otro hombre que ya iba caminando. Aunque no iba dirigido para mí, tomé el consejo como propio. “Vamos, hombre, viniste a sufrir”. Era mi último mantra, el recurso que me salvaría los próximos 3 kilómetros. 

En la última curva vería a Karla a lo lejos. Esta también era su carrera aunque no tuviera un dorsal en el pecho. Gritaba, grababa, tomaba fotos. Coach, terapeuta, compañera de entrenamientos, amiga, consejera, pareja. El paquete entero. Todo en 15 segundos de euforia que reviviría por toda la tarde. Lo habíamos hecho, aunque fuera yo quien estaría cruzando la meta en un nada despreciable 3 horas 18 minutos y 16 segundos, ella era en gran parte responsable de que la llama siguiera prendida y quemando fuerte. 

Meta de CIM

Al cruzar la meta lleve mis manos a las rodillas. Habría perdido el ritmo y mis piernas no habrían respondido 7 kilómetros, pero no me sentía derrotado. Era una gloria estar ahí. Todo lo que pregoné por meses se había hecho realidad. El dolor me canalizaba desde las uñas hasta la cabeza. El frío empezaba a recorrer mi cuerpo por primera vez en toda la mañana. Estaba empapado. No podía caminar bien. “No quiero volver a correr”, le dije a Karla mientras nos fundíamos en un fuerte abrazo. 

Abrí la cerveza y la terminé en 10 segundos. Dos sorbos fue la duración de la lata. Dos malditos tragos. ¿Tanto para eso? Sí, pensé mientras daba pasos complejos. Mis piernas ya no funcionaban. Me senté. No podía levantarme, necesité ayuda para retirarme los tenis de mis pies. Después de una hora tomamos café. Comí un pan. Por la tarde un ramen inundó mi estómago y volví a beber otra cerveza, ahora de origen japonés. Ganamos, por fin una maldita victoria. 

Una semana después, me retracté de mis palabras. Quiero volver a correr.

Esta es un texto 100% personal. El maratón es MUY duro, al menos para mí. Respétalo y disfrútalo.

Competencia sin sentido 

Por Karla Tovar

Hace unos días fui a andar en bici al Autódromo, jamás lo había hecho pero esta vez no tenía ganas de correr y quería enfocarme en apoyar a Arturo en su preparación para maratón.

Había muchos corredores y ciclistas formados en sus autos desde las 6:30 de la mañana para alcanzar lugar en el estacionamiento. Al estacionarnos y bajar del auto, empecé a sentir cierta tensión en el ambiente, siempre he creído en las energías así que lo noté de inmediato. 

Todos bajaban de sus autos y buscaban a sus equipos, nadie cruzaba miradas, ni por error emitían un “buenos días” si no se conocían. Simplemente se ignoraban, como si solo los integrantes de sus equipos merecieran sus palabras o amabilidad y estuviera prohibido hablar con el “equipo contrario”. 

Las rivalidad que hay entre equipos de corredores es evidente y pareciera que para encajar es necesario menospreciar al otro. 

¿Cuál es la necesidad? – pensé, todos hacemos el mismo deporte, amamos este deporte. ¿Quién le puso todas estas reglas innecesarias al running? 

Tenía bastante tiempo que no veía a tantas personas reunidas porque me he cuidado mucho con la pandemia y debo serte sincera, me decepcionó bastante volver a la multitud. Me di cuenta que a pesar de haber pasado una pandemia, la sociedad no ha cambiado mucho. Seguimos compitiendo entre nosotros, nuestro ego sigue dominando, queremos ser más que los demás, queremos tener más que los demás siempre.

Queremos encajar pero no pertenecer, ese es el gran problema. Muchas veces preferimos perder nuestra esencia y autenticidad con tal de ser aceptados. 

Muchos corredores portan con orgullo las nuevas camisetas de Nike con el estampado de Kenya porque Eliud ha sido su inspiración para seguir en este deporte. Pero, ¿realmente has analizado a Kipchogue? Me refiero más allá de ser uno de los atletas más rápidos y todo lo que ves en las redes sociales sobre él, ¿conoces su historia? 

Eliud tiene la vida más sencilla de todas. Vive en un país donde en algunas zonas, el 95% de la población se encuentra bajo el umbral de la pobreza. 

Revisa las fotografías de su perfil en Instagram, no te fijes en sus tenis, mira alrededor. El no entrena en un gimnasio lujoso, ni en las colonias más exclusivas, no tiene la caminadora más cara e incluso sigue viviendo en Kenya, su casa es prácticamente una granja, rodeada de la naturaleza. 

Entonces, ¿por qué para los corredores es tan importante tener el outfit más exclusivo? ¿Los tenis más caros? ¿Por qué es tan importante demostrarle a los demás que tienes más? La respuesta: por poder. 

Nos han educado a pensar que tener poder significa tener éxito. Si tienes más que los demás, quiere decir que te va mejor. Pero en el deporte, a mi parecer y como podrás ver, es algo irrelevante. El récord del maratón no lo rompió el hombre que tiene más que todos. En este deporte gana la perseverancia y la constancia. La ropa o los tenis, solo son un plus para ayudarte a conseguir tus objetivos, la realidad es que por si solos no pueden hacer nada. 

El compañerismo y la humildad, también son dos grandes necesarios. Si no dejamos nuestro ego a un lado, no hay forma de crecer. Todos somos corredores y aunque entrenamos para diferentes objetivos, la finalidad es la misma: llegar a la meta. 

Nos encontramos a las mismas personas en los mismos lugares, corremos en los mismos eventos pero NADIE se habla, ¿lo has notado? Convivir con otros corredores no significa que estás traicionando a tu equipo. Al contrario, compartir con otros corredores podría enriquecer mucho más el camino hacia tu objetivo. Correr con ropa con la que te sientas cómodo y te identifiques, aunque no sea la de moda, tampoco te hace menos, al contrario, te hace más auténtico. 

Por último, creo que aprender a formar comunidad es algo que nos falta entre los corredores en México, pero podemos empezar a cambiarlo. La próxima vez que salgas a correr, saluda a los corredores que pasan a tu lado o lánzales una frase motivadora, verás como automáticamente cambia tu perspectiva. 

No encajes, rompe el molde. 

Así empezó mi amor por el running

Palabras de Sarahi Zamarripa

Mi nombre es Sarahi Zamarripa, soy de Veracruz, Veracruz. Mamá de 3 niños hermosos, dos de ellos viven conmigo y uno está en el cielo, soy maestra y me gusta correr. Tal vez no haga excelentes tiempos en las carreras, pero definitivamente corro por puro gusto y amor, nunca por obligación, y les voy a contar cómo empezó mi amor por el running.

Después de varios intentos por tratar de ser «fit», de intentar miles de cosas para estar en forma, un día empecé a sentir un fuerte dolor en la espalda acompañado de fiebre. Me sentí muy mal mientras impartía mi clase y no pude más, el dolor era cada vez más fuerte. Me fui al hospital y para no alargar la historia, me atendieron después de varias horas. Resultó que tenía cálculos en la vesícula, me solté a llorar porque para mí era imposible que a mi edad (en ese entonces 31) yo estuviera con esos achaques. Lloré porque también pensaba que si me enfermaba no sabía quién se iba a ocupar de mis hijos, quién trabajaría y sobre todo, quién me cuidaría a mí, si yo era la que se encargaba de cuidar a los demás, en todo lo que pensaba era en los demás y no en mí (en ese momento de mi vida yo estaba casada).

Recuerdo que ingresé al área de urgencias y le marqué al que en ese tiempo era mi esposo, para informarle que me quedaría hospitalizada, “angustiado” me alcanzó en urgencias. Yo estaba en una camilla con suero y medicamento, recuerdo bien que lo primero que pregunté fue hasta cuándo estaría ahí y a qué hora me darían de alta, tiempo después me enteré que ese día le había arruinado su plan con una mujer; pero bueno, después de varias horas me dieron de alta justo a tiempo para que él pudiera ver su partido de fútbol aunque sea en casa.

Al otro día acudí con el especialista y él se encargó de calmarme y explicarme todo lo necesario para poder estar mejor y sobre todo, evitar una cirugía pues yo seguía pensando en los demás (una cirugía iba a quitarnos tiempo y ¿quién se ocuparía de los niños?). Me indicó una dieta especial y ejercicio, me aconsejó bajar de peso pues eso no ayudaba en nada a mi salud.

Fue tan fuerte el dolor que llegué a sentir en esa ocasión que no me fue difícil cambiar de hábitos alimenticios, lo complicado era ese espacio y ese momento para poder hacer ejercicio y fue cuando me di cuenta que en el día, había un momento por la tarde en la cual tenía libre 40 minutos y por donde vivía en ese entonces, había un colegio que abarcaba toda una manzana completa. Siempre que pasaba por ahí veía personas caminando o trotando, así que se me ocurrió empezar a correr y yo muy valiente me fui como si fuera una corredora con experiencia. No alcancé ni a correr media cuadra cuando sentí que me faltaba el aire, veía a señoras mayores que yo caminando a paso rápido y dejándome atrás, y pues ni modo, tenía que seguirlas caminando porque tampoco me iba a dar por vencida tan rápido.

Con el tiempo iba intercalando trote y caminata y empecé a leer sobre el tema. Bajé la aplicación de Nike Running y me di cuenta que la vuelta a la manzana completa era justamente 1 km. El día que pude correr todo 1km sin pausa y aunque el tiempo no fue tan bueno (7″50), para mí fue un gran logro y quería ir por más. Quería lograr más distancia y se me metió esa idea en la cabeza.

Justo en ese tiempo me mudé de casa y cerca de ahí había un lago con pista, eso fue una señal de que no podía dejar de correr, así que continué haciéndolo. Los fines de semana me levantaba temprano antes de que despertaran mis hijos para que su papá pudiera cuidarlos mientras yo corría, empecé a notar cambios en mí, en mi piel, mi complexión, mi seguridad pero sobre todo en mi autoestima.

Mis compañeros de trabajo empezaban a notar los cambios y me comentaban que me veía bien pero lo mejor de todo es que me sentía bien. Al poco tiempo había bajado unos 8 kilos, no había sentido ningún malestar, me sentía bien conmigo misma, me sentía segura y sobre todo, empecé a quererme mucho y después de varios años mi matrimonio llego a su fin. Sin entrar en muchos detalles fue una relación que no me hacía sentir acompañada, respetada pero sobre todo amada.

Obviamente lloré y sentí que se acababa el mundo, pero eso solo me duró una semana porque le marqué a mi abogado para saber qué debía hacer para poderle dar fin a ese ciclo de mi vida. Había invertido mucho tiempo en él y me olvidé de mi, no quería pasar más tiempo llorando por alguien que un día dijo que no era feliz y se fue.

Llegó el verano y en esas vacaciones hubo una carrera. Debo confesar que lo que más me desagradaba de la separación, eran esos tiempos donde debía compartir a mis hijos, pero ocupaba los fines de semana para irme a correr temprano por las mañanas y el resto del día dedicármelo a mí, así que un buen domingo por la mañana corrí mi primer 10K. Con mucho miedo a no llegar, corrí y llegué a la meta, me sorprendí que cuando terminé todavía había más personas llegando después de mí y yo pensé que sería de las últimas. Esa carrera para mi es memorable porque vencí miedos y me atreví a seguir adelante. 

Pasarón los días y yo me encontraba acomodándome con mis hijos en nuestra nueva rutina, en donde solo éramos ellos y yo durante la semana, sin embargo, el más chico de mis niños, de tan solo 3 años recién cumplidos, enfermó y en un día todo mi mundo se vino abajo. Estábamos en el consultorio de un hematólogo y nos explicaba el posible diagnóstico pero para mí, era como si hubieran puesto mute en ese momento de mi vida, de nuestras vidas y con lágrimas en mis ojos, volteaba a ver a mi hijo que ya se había quedado dormido en el sofá del consultorio y su hermano lo cuidaba, los miré fijamente y no paré de llorar.

El doctor mandó a hacerle estudios para descartar el diagnóstico de Leucemia linfoblástica Aguda, dichos estudios demoraban de 3 a 5 días en dar resultados, habíamos aplazado su fiesta de cumpleaños por el divorcio y justamente el día que era su fiesta, él se encontraba muy mal y decaído, se la pasó en mis brazos durmiendo. Cuando acabó la fiesta nos llamaron para decirnos que ya estaban los resultados, fuimos por ellos y buscando entre tantas hojas de papel con muchos datos que no entendía, había una hoja con un apartado que decía «leucemia linfoblástica aguda precursor B». En ese momento mi cerebro se activó y empezó a organizar un plan, acomodando a los hermanos con la abuela, avisando en mi trabajo que necesitaba unos días, y así empezó una lucha por vencer ese cáncer.

Mi hijo comenzó con su tratamiento y en un par de meses había alcanzado remisión pero debía seguir con cuidados. Recuerdo que se aproximaba enero y venía el medio maratón de Veracruz, decidí inscribirme y correrlo.

Esos kilómetros fueron una catarsis para mí, llegué a la meta y solté lágrimas pero fue una gran experiencia.

Muchas personas no creían que pudiera correr un medio maratón pero en realidad esa carrera o todas las carreras que he corrido, nunca han sido para demostrarles a los demás que si puedo, han sido para mí y por mí.

No fue nada fácil, nada, y si piensan que el papá de mis hijos regresó con nosotros, no fue así. Luchamos 2 años contra esa enfermedad, semana tras semana era ir a quimios, semana tras semana era ir al hospital, cargarlo, subir y bajar escaleras. Salir de mi trabajo e irme al hospital cuando le tocaba internamiento, partirme en varias partes para poder trabajar, ser mamá de mis otros dos hijos, cumplir con mi trabajo para poder seguir teniendo seguro y  prestaciones, esperar y esperar a que hubiera cupo en el área de hematopediatría, asistir a los eventos escolares y regresar al hospital…en fin, hicimos amistades (mi hijo y yo) que se convirtieron en familia, el hospital resultó nuestra segunda casa y cuando había tiempo, me tomaba 40 minutos para mí.

Regresé a vivir con mi mamá y me iba a correr al boulevard, me dediqué a mejorar nuestra alimentación, lo que menos quería es que cualquiera de nosotros enfermáramos. Cuando estábamos en casa y mi hijo veía que me alistaba, me preguntaba que si iba a correr, le decía que sí y él me contestaba que de grande él también lo haría, le gustaba que corriera y me decía que quería ser muy veloz para correr.

Lamentablemente Roger no pudo lograr ser el más veloz, pero para nosotros, su familia, ha sido el niño más valiente y lleno de vida que hemos conocido y conoceremos. Mi mayor maestro de mi vida, mi hijo, mi ejemplo a seguir para levantarme todos los días, para esforzarme por ser mejor, para dejar los miedos atrás y soñar en grande. Porque aún con dolor se puede ser feliz, sonreír y disfrutar de esta vida.

Hay momentos en los que siento que ya no puedo más, pero Paulina y Rodrigo hacen que vuelva a poner los pies en la tierra y me hacen ver que no soy la única que lo extraña, que tenemos que seguir adelante y hacer memorables nuestras vidas en honor a su hermano menor. La verdad, soy bendecida con cada uno de mis hijos.

Volví a correr el medio maratón de Veracruz porque el año pasado no me sentí preparada, mi hijo tenía pocos meses de que acababa de irse al cielo y también tuve una lesión. No sé si a ustedes les pase algo similar cuando hacen carreras largas, pero en el camino me vienen imágenes de mi vida tanto lindas como tristes y he llegado a sentir que se me cierra la garganta. Aún no he corrido un maratón pero pienso prepararme para hacerlo en algún momento de mi vida, pero si con medio maratón me he llegado a sentir identificada por los momentos que he vivido, con un maratón no me quiero imaginar la sensación que tendré al llegar a la meta, la pienso vivir. 
Por ahora correr un medio maratón es lo que he aprendido de la vida, hay momentos de altas y bajas, a veces te sientes imparable, segura de ti misma pero existen momentos en los que piensas que ya no puedes más. Sin embargo, de repente recuerdas cómo y porqué empezaste todo y vuelves a echarle ganas.

Correr me ha dado la paz necesaria para poder escapar de momentos de tensión, de tristeza, de agotamiento, para aclarar mis ideas cuando no encuentro solución, me ha hecho ver lo que soy capaz de lograr, ser más disciplinada y sentirme bien, pero lo más grandioso de cuando salgo a correr es que corro debajo del cielo y es cuando más acompañada me siento. 

Correr y la espiritualidad, una charla con Thai Richards

Palabras de Arturo Espinosa

Respuestas de Thai

Conecté con Thai Richards en la búsqueda de respuestas. En un mundo donde todo padece de caducidad y suele estar repleto de banalidades, encontrar proyectos que conecten de una manera profunda es bastante gratificante. Correr es compartir. Correr es una herramienta de cambio espiritual más profunda de lo que creemos. Thai ayuda a que toda una comunidad conecte cuerpo y mente recorriendo Brooklyn. En muchas ocasiones incorporando cannabis (sí, leíste bien), buena comida y sonidos que traen calma ante cualquier tormenta.

Cuando entiendes que correr va más allá de ritmos y medallas, puedes empezar a crear espacios donde la competitividad está de sobra. Correr a tu paso es lo mejor que te puede pasar en este deporte.

«Al crecer pasé mucho tiempo con mis primos porque nuestras madres estaban trabajando. Mis primos tenían la edad suficiente para quedar atrapados en las calles y eran mi conexión con todo, crecí rápido y sin estructura. Tuve que madurar o las calles y las estadísticas podrían haberme hundido. Me moví mucho, lo que me dio una idea de otras culturas que luego me ayudarían en mi carrera como modelo. Exponerme me dio la oportunidad de ver más allá de Nueva York. Me he quedado sin hogar, he visto a la ciudad pasar por muchos cambios y sigo aquí, corriendo a mi ritmo«.

Cortesía

En una ciudad tan caótica y multicultural como Nueva York, las piernas y la mente necesitan movimiento.

«Comencé a correr a la edad de 11 años, me mudé a una pequeña ciudad en el condado de Orange. Empecé a correr cross-country porque no tenían equipo de fútbol. Me encantó desde el primer momento. Correr, para mí, incluso en esos primeros años, me hizo crecer espiritualmente«. 

Con esto en mente, Thai crea ‘Rage & Release’, una marca holística donde se rompen tabúes y paradigmas sobre el consumo del cannabis en el deporte, crean comunidad y conectan la mente con los kilómetros. Salud mental en muchos sentidos:

«Creé Rage mentalmente en algún momento y lo lancé mientras estaba sin hogar. A lo largo de mis 20 tuve muchos altibajos y estaba muy enojado. Quería evitar culpar a alguien por el lugar en el que estaba en mi vida, así que creé un espacio donde la gente pudiera venir y respirar por un segundo, Dios sabe que lo necesitaba.

Kenisha, mi socio comercial y mejor amiga, se incorporó después de un año y medio de operar solo. Tammy vino más tarde para ejecutar las metas de nuestra comunidad. Las mujeres son los pilares de cualquier cosa grandiosa y quería que mi marca tuviera una columna vertebral sólida

Es una marca holística dedicada a empoderar a nuestras comunidades a través del bienestar, el fitness y la cultura. Somos una marca pro-humana que usa correr y el cannabis para unir y desarrollar conexiones saludables».

«Todos tenemos altibajos, pero correr es un espacio donde todos podemos unirnos y tener un “escape” saludable.»

Thai Richards
Cortesía

Quería saber un poco más sobre el uso del cannabis. En pleno 2021 seguimos discutiendo si puede o no ser legal, cuando sustancias nocivas y adictivas se venden en cualquier tienda de abarrotes. Aunque la crítica no es el punto principal, la poca información que existe sobre este tema está para considerarse. Como menciona Thai, se trata de encontrar lo que funciona para ti. Tener alternativas y cuestionarte sobre TODO es un punto fundamental para la vida misma: «El cannabis te puede ayudar a enfocarte, reducir la inflamación, ayuda con la capacidad pulmonar, pero se trata de encontrar lo que funcione para tiRage es un medio para brindar educación y conciencia sobre cómo usar el cannabis y otras hierbas de manera integral. Cada planta tiene un propósito y el cannabis es definitivamente un regalo. El cannabis es una de las pocas plantas del planeta que tiene más de 100 usos».

Cortesía

Se agradece que cada día nazcan y sepamos de más espacios así. Los señalamientos de que los consumidores de cannabis son perezosos se destrozan al ver el rendimiento de los integrantes de Rage. Y sobretodo, alcanza un nivel único al convertirse en un sitio de expresión y cultura.

«Todo está destinado a hacerse con intención y buena energía. Correr es un juego mental, puede ser natural o desarrollarlo, pero parte de cualquier disciplina es la fe. La fe es una fuerza impulsora, no importa su fuente, la fe en uno mismo o cualquier cosa, junto con el amor, puede llevar a alguien a lo más alto o a lo más profundo. Correr y hacer ejercicio en general, es una práctica espiritual, si lo haces por las razones correctas, todo cambia en tu vida a medida que avanzas«.

Puedes conocer más del trabajo de Rage & Release y de Thai Richards a través de sus redes sociales y sitio web:

https://www.instagram.com/rageandrelease/

https://www.instagram.com/daddy_shango/

https://rageandrelease.norby.live/

Cortesía

Lee la entrevista completa.

  • How was it for you growing up in a city like New York?

Growing up, I spent a lot of time with my cousins because all of our moms were working. My cousins were old enough to get caught up in the streets, and they were my connection to everything, I grew up fast with no structure. I had to develop my sense of character or the streets and statistics could have taken me under. I moved around a lot, giving me insight to other cultures which would later help me in my modeling career. Exposure gave me a chance to see further than NYC, let me know I could be more. I’ve been homeless, I’ve watched the city go through many changes and I’m still here, running at my pace. 

  • When did you decide to start running?

I started running at the age of 11, I moved to a small town in Orange County, NY. I started running cross country because they didn’t have a football team. Furthermore, I absolutely loved it from the first meet, I could see myself running, not racing. Running, for me, even in those early years, grew on me spiritually. 

  • Rage & Release is a powerful way to represent your way of being and feeling running: how was the project born?

I created Rage mentally over sometime, and launched it while being homeless. Throughout my 20s I had many ups and downs and I felt all this angry. I wanted to avoid blaming anyone for where I was in my life, so I created and space where people could come and breathe for a sec, lord knows I needed it to. 

Kenisha whose my business partner and best friend came onboard after a year and a half of me operating solo. Tammy came later to execute our community goals. 

Women are the pillars to anything great, and I wanted my brand to have a strong backbone. They provide that and than some. 

  • Rage integrates a large community in Brooklyn, what is it like to share the feeling of the brand with each of the people?

I’ve lived in several communities and traveled enough to learn that, we’re all people, no matter color or class. We’re all having ups and downs, but running is a space, we can all come together and have a healthy “escape”. People feel good after leaving Rage, that’s all that matters to me. 

  • Cannabis, good food, sound experiences, running, it is a whole universe that Rage integrates, how did you manage to bring everything together in the same space?

I took bits and pieces that worked for me over the years to make Rage.  I created a holistic universe for people to step into and take what they need. The philosophy is take what you need from us, if we want to create healthy communities, we need comfortable spaces for people to learn and grow. 

  • When did you start running and using cannabis?

I’ve been smoking and active since 15

  • How did you begin to demystify in your environment that it was «a drug»?

Bob Marley and Rastafarian knowledge was my introduction and influence

  • Do all Rage runners use cannabis?

We have a bunch of smokers, mostly women, but you don’t have to be a cannabis enthusiast to join. 

  • What were the benefits of using cannabis in running?

Cannabis can help put you in the right mindset, can reduce inflammation, helps with lung capacity, but it’s all about finding what works for you. Rage is a means of providing education and awareness of how to use cannabis and other herbs holistically. 

  • In Mexico, people don’t openly consume cannabis because there are still many stigmas and we have not even made progress on legalization issues. What would you say to all those people who have not yet had an experience with cannabis?

I’d say, take knowledge into your own hands. Most issues in our world today is due to main stream influence. Every plant serves it purpose and cannabis is definitely a gift. Cannabis is one of few plants on the planet that has over 100 uses. I’d also say, how many times does big pharma have to fail us before we take our health into our own hands. We owe it to ourselves to learn everything we can about our bodies and how to heal naturally. 

  • Would you say that Rage is a team of running? How would you define it?

Rage is a holistic brand dedicated to empowering our communities through wellness, fitness and culture. We’re a pro-human brand using running and cannabis unite and develop wholesome connections. 

  • I think TSP was a hard experience that marked you, how did it go? We saw the video and you ran deadly through the desert, it was very inspiring.

This was my second TSP and it was a rush for sure. Experiences like that would change anyone or give them something to think about. I live for those moments of running into the unknown, especially having a support crew and energy to ride off. It was more of an internal quest and opportunity to bond with people beyond surface level shit, you have to really feed off people during races like that. I’m very grateful to have those experiences coming from the hood and for us making it safely.  All realms of nature is beautiful, being immersed in the desert while in my element took me away from the troubles of the world for 48 hrs. It’s also great for young runners to see. 

  • How do you mix spirituality and Running?

Everything is meant to be done with intention and good energy. Running is a mental game, it’s either natural or you develop it, part of any discipline is faith. Faith is a driving force, no matter it’s source, faith in yourself or anything, along with love, can take someone to the highest heights or the lowest of lows. 

Running and fitness overall is a spiritual practice, if you’re doing it for the right reasons, everything changes in your life as your progress. 

Cómo funciona la música… en una experiencia singular

Palabras de Arturo Espinosa

La música siempre me ha servido como una forma de construcción personal. En la adolescencia buscaba apropiarme de algo que identificara mi rebeldía sin sustento y que de alguna forma pudiera aislarme de la realidad. Supongo en ocasiones así actuamos las personas introvertidas y que les cuesta trabajo entablar cualquier conversación. Por medio del skate llegó a mi vida artistas como David Bowie, The Cramps, Lou Reed, Dick Dale, Sonic Youth y The Clash. La escuela era pesada, y desde la secundaria ya denotaba bastantes deficiencias en mi rendimiento escolar; aunque nunca fui mal estudiante, me aburría rápido y pasaba el mayor tiempo posible con audífonos. Lo mejor en ese entonces era salir de ahí y caminar a casa mientras escuchaba algo nuevo que había descargado de forma ilegal. Problemas mínimos de la pubertad.

Arturo – Sesión de velocidad

Cuando entré a la preparatoria mi gusto por la música, ya fueran clásicos o bandas de la actualidad, consumía gran parte de mi vida. Siempre estuve atado por los sonidos, y hasta que me convertí en un adulto comprendí un trasfondo. Mi papá escuchaba The Doors, Tex Tex, Óscar Chávez, Zeppelin, Real de 14, Chavela Vargas y muchos artistas de salsa cuando yo era un niño. De alguna forma fueron marcando mi camino. Se tratan de aquellas pequeñas memorias que recuerdas con gusto. Como si todo en tu vida estuviera amenizado por un soundtrack. O al menos así lo pienso en este momento. No puedo escuchar “Azul”, “Blues del Atajo” o “Beso de Ginebra” del Real sin recordar algún momento junto a él. Trabajando en su taller para darnos lo mejor de acuerdo a nuestras posibilidades. Yo, comportándome de alguna forma estúpida tratando de ser insoportable.


Escribir todo esto de forma introductoria, si aún no te has hartado y llegaste hasta aquí, es una pequeña explicación de cómo la música ha estado de forma insistente dentro de mí y lo que me rodeaba. El significado único que cada quien le puede dar a algo tan efímero y al mismo tiempo tan esencial como una canción es gigantesco. Al tener todos infancias tan distintas, me gusta demostrar con palabras lo que he vivido, de qué forma sobrevivo a diario y mi experiencia totalmente personal sobre un arte que me ha sacado a flote en mis momentos más despreciables.

Rungry se formó con la base musical, por eso cada que invitamos a alguien a colaborar le pedimos un pequeño playlist. No es para motivar o algo parecido. Es para saber qué los mueve. La canción que los saca de algún momento complicado en una carrera larga y los alienta a más. Ese tono que los lleva a un momento especial en su vida. Y claro, para compartir. Al correr me pasa lo mismo. En ciertos entrenamientos corro con música y eso me distrae del cansancio. En ocasiones prefiero guardar los audífonos y simplemente escucho mi respiración mientras los sonidos del entorno es todo lo que necesito.

Hay días en los que me gusta correr largo con canciones que yo denomino “nadie correría con esta mierda”. ¿Por qué? Simplemente porque no son “canciones poderosas”, si así podemos denominar a cierto tipo de música. Pongo aleatorio y suena Richard Hawley, Tom Waits, Nick Cave o Mark Lanegan, siendo las voces de ciertos artistas las que me centran y en ocasiones hacen que corra más rápido que cuando escucho géneros más agresivos. No digo que sea el único que escuche eso cuando corra, tal vez habrá personas que lo hagan escuchando música clásica o algo similar, pero no es algo usual.

Atardecer en Ciudad de México

Me intriga saber qué escucha la gente cuando corre. En el primer y único maratón que he hecho lo corrí sin música por el respeto a la distancia. Estaba muy nervioso en la línea de salida, pensando si hubiera sido mejor cargar con una buena playlist. Creyendo haberme equivocado y que todo saldría mal. Lo terminé con una fatiga enorme, como todos. Desde el primer lugar hasta el último que cruzó la línea de meta. Mierda, son 42 kilómetros, quien te diga que no, te está mintiendo. Y lo peor de todo, es que se está mintiendo.

Pero ese no es el punto, el punto es saber qué hubiera pasado si habría escuchado música durante las 3 horas 42 minutos en que recorrí la Ciudad de México. ¿Mi tiempo mejoraría? ¿No escucharía mi respiración y habría colapsado en el kilómetro 35 cuando las piernas ya no daban para más? Nunca lo sabré, pero es bueno tener esa intriga e intentarlo de nueva cuenta, pero ahora con música. Aunque ya no soy el mismo corredor que era hace dos años, ni siquiera soy el mismo que el de la semana pasada, es bueno alterar lo hecho en el pasado y tratar de mejorarlo.

Parque Bicentenario

“La música puede cambiar para siempre la vida de la gente de formas que van mucho más allá de conmoverse, emocional o intelectualmente, por una composición concreta. Esto también ocurre; luego se desvanece y a menudo se transforma en otra cosa que persiste. La música es sin duda una fuerza moral, pero sobre todo cuando forma parte de la urdimbre y de la trama de toda una comunidad.” El genio David Byrne habla en su libro al recordar sus hazañas en Nueva York. Yo lo llevo a diario tratando de adoptarlo en mi vida.

Reflexiono sobre todo esto ya que la música ha cambiado lo que soy y lo que pienso a través de los años. Al igual que correr, ha sido una forma de encontrarme y perderme como individuo. Conjuntarlos ha sido una tarea personal con la que lucho a diario. Hay días que todo fluye y las piernas dan para mucho corriendo como nunca en una carrera larga. Existen otros donde desde la media hora ya estoy sufriendo en un entrenamiento de recuperación. Algo similar sucede cuando escucho artistas que en este momento ya son irrelevantes, mientras otros siento que no les di el peso necesario en mi vida y ahora los escucho lo más a fondo posible.


Me gusta pensar, y seguramente es así, que a muchos como a mí, al igual que correr, la música tiene un peso fundamental en su vida y se sienten identificados con algo similar. Todos asimilamos los procesos de una forma única, al igual que lo que vemos y escuchamos. Dejar que la música te guíe es el único consejo que le puedo dar a alguien sobre el tema. No importa qué escuches, son tus kilómetros y nadie lo está viviendo, excepto tú. También por eso creamos las playlist con algún sentido o que traten de contar alguna historia. En fin, aquí otra va para hacer lo que tanto nos gusta. Correr nos hace sentir libres, y la música que nos acompaña también. Nos vemos en las calles o en el bosque.

Esta playlist fue armada con artistas que me marcaron profundamente en la adolescencia. Escogí canciones con los que los conocí. Otros son recuerdos de algunas épocas de mi vida. Puedes escucharlo aleatorio, prefiero que así sea de cierto modo. Recuerda, hagas lo que hagas, hazlo con cariño.

Esta sesión de entrenamiento constó en lo siguiente: 2 kilómetros de warm up + 12 x 300 metros + 4 kilómetros en tempo + 2 kilómetros de trote.

Todas las fotos son de Karla Tovar. @katovarcon

Volver-a-empezar

Palabras de Liz Santos


La oración que por excelencia es fácil de decir y difícil de seguir; compuesta por tres palabras, que, separadas, no tienen el mismo significado.

A finales de junio, me contagié de COVID. Como es de suponerse, fue una sorpresa. Por muy saludable que lleves tu vida, no sabes cómo reaccionará tu cuerpo ante esta nueva enfermedad. Mis síntomas fueron leves pero el bajón emocional fue lo peor.

Aún con el alta del médico, me prohibieron hacer actividades físicas por al menos un mes. Pensé que me sentiría perdida sin poder correr durante tanto tiempo, pero no, al contrario, un sentimiento de vacío e indiferencia me invadió.

Disfrutar y sus matices.

Desde antes de contagiarme, algo andaba mal. Tenía los ánimos bajos cuando de correr se trataba. Ya no disfrutaba salir un rato a trotar. Ya era algo que tenía que hacer: para mantener mi peso, para alejar a la ansiedad, para desestresarme o cualquier connotación que se le pudiera adjudicar. Ya era más una tarea por cumplir.

Seguro que más de uno que está leyendo esto, piensa: bueno, si corrías, ¿no significaba que lo disfrutabas? Por supuesto que lo hacía, pero disfrutar se tiñe de un matiz ambiguo.

Cortesía

Correr siempre ha supuesto un reto para mí. El running y yo no éramos amigos. Ni suponer que podíamos vernos la cara. Comencé a practicarlo para demostrarme de lo que era capaz y después de varios intentos fallidos, nos encontramos el gusto.

Ponerme los tenis y salir a correr en casi cualquier lugar se convirtió en una actividad que me distraía del estrés. Sin embargo, me concentré tanto en liberar mis emociones mientras corría que dejó de tener ese valor. Fue como si mi cerebro relacionara el cansancio como una salida de la ansiedad acumulada. Entonces, si no me cansaba, no había hecho lo suficiente.
Para mí, había perdido el encanto porque, para sentirme satisfecha, implicaba sumar más kilómetros, más esfuerzo, más cansancio y más tiempo. Lo hacía con tal de sentirme bien, sin embargo, se convirtió en un círculo vicioso donde necesitaba cada vez más y más.

Víctima de mis propios pensamientos de insatisfacción, se le sumó la idea de que los minutos que destinaba para correr era una pérdida de tiempo. Mi mente utilizaba los entrenamientos para pensar en todos los pendientes que tenía por hacer, en recordarme malas experiencias del pasado o en cualquier cosa menos en lo que estaba haciendo. Cuando me di cuenta de ello; porque sí, sucedían incluso escuchando música; decidí escuchar podcasts. Funcionó. Al menos la mente se concentraba en la conversación entre dos extraños. Pero seguía alejándome de ser consciente al correr.

Liz y Karla – La Pila

Producto de esto, una situación muy curiosa sucedió. Para el resto de las personas yo era alguien “constante”, porque claro, seguía sumando minutos y kilómetros solo por acallar mi mente. Aquella falsa impresión que daba al resto de las personas en las redes sociales se impregnó, y yo, también me lo creí.

Lo disfrutaba, por supuesto. No conozco a alguien que no le guste ser elogiado, aunque sea por algo que no es real. Entonces también quise mantener esa falsa ilusión. Una competencia para saber quién era mejor. ¿Contra quién? Nadie en específico. No existe ese alguien, y, a la vez, sí. Esto se trata sólo de obtener la aprobación de los demás. Tuve que preguntarme si realmente quería eso. Porque mi mente sólo trabajaba en torno a ello y tomaba decisiones conforme a ese objetivo.

Correr en otros pies

Cuando el COVID decidió visitar y alojarse en mi cuerpo, tiempo de sobra tuve para reflexionar y ver qué era lo que me pasaba. Estuve inmersa largas horas, intentando quitarle las barreras, connotaciones y máscaras que le había adjudicado al running. Hice ejercicios mentales para desglosar mi propósito de seguir corriendo: ¿qué buscaba obtener de todo ello?

En ese momento un libro se cruzó en mi camino: De que hablo cuando hablo de correr de Haruki Murakami. Tiene una forma peculiar de describir la vida cotidiana, lo hace con tanto detalle que te dan ganas de convertirte en la persona más común y corriente de este planeta sólo para lograr ser objetivo de su atención.

Entre tantas cosas de la que habla en sus memorias, que, a mi parecer, es mucho más profundo que el simple hecho de correr temprano por las mañanas; explica que es lo que le hace volver todos los días a calzarse los tenis. El valor que tiene un ritual tan sencillo.

Haruki Murakami

Describe lo que ve, lo que escucha, cómo se siente su cuerpo. Se pregunta por qué no puede seguir corriendo de la misma forma que hace veintitantos años y se hace las mismas preguntas que yo en ese momento. Con cada párrafo y verso leído, me sumergió en su mundo hasta el punto de cuestionarme si yo me sentía así. De pronto, nuevas preguntas se formularon: ¿qué recuerdos tengo de mis carreras? ¿puedo recordar a las dos mujeres que todos los días trotan con sus mascotas? ¿cómo son sus caras? ¿cómo era mi respiración al correr? ¿desenfrenada o tranquila?

Me dediqué a leer al señor Murakami largo y tendido. Él no lo sabe y probablemente nunca lo sabrá, pero con el libro de sus memorias como corredor, me llevó con él a practicar el running mientras yo estaba en cama sin poder moverme a causa del virus. Corrí, a lado de Murakami, el maratón de Nueva York; muchas mañanas, lo acompañé en Cambridge, a un lado de la ribera del río Charles; sufrí con él la ultramaratón de cien kilómetros del lago Saroma; y hasta en el triatlón de la ciudad de Murakami, en Niigata, logré visualizar su cansancio y sentí cómo le atormentaba el pánico. Pude simpatizarme con todos y cada uno de los sentimientos que describe. Pude ver las respuestas que iban surgiendo poco a poco de sus preguntas y por primera vez, pude alejarme de mis pensamientos para entender qué estaba mal conmigo.

Con tantas preguntas y casi ninguna respuesta, logré recabar las pocas memorias de cuando era consciente de lo que pasaba a mi alrededor mientras corría. En pocas ocasiones me había salido una sonrisa tan grande de satisfacción por haber corrido unos cuantos kilómetros.

Cuando el mundo se pinta caótico y dramático

En De que hablo cuando hablo de correr encontré la paciencia y cariño que a mí me había faltado, y una breve lección sobre cómo entrenar a la mente. Los hábitos tardan en morir, dice Murakami.

En efecto, y a la mente hay que entrenarla igual que al cuerpo.

Cortesía

Fue cuando tomé la decisión que, si me recuperaba del COVID, volvería a correr, pero desde cero. Con la promesa de disfrutar cualquier triunfo, incluso si el único que tendría en el día fuera abrocharme las agujetas. Me dije que no debía alegrarme por cada entrenamiento, pero sí recompensarme por haber salido a correr.

Esta promesa suena exagerada, porque realmente no estaba muy grave del COVID; sí, con síntomas dolorosos, pero nada malo que resaltar. Cuando uno enferma, el mundo se pinta caótico y dramático; quieres encontrar cualquier destello de luz para lograr sobreponerte.

No sabía por dónde empezar este nuevo reto, así que decidí buscar libros que contenían planes de entrenamiento para principiantes. Elegí uno titulado El manual del buen corredor de Javier Serrano. El plan es muy sencillo y dura dos meses.

Sin perder un pulmón

Ya ha pasado un mes y he vuelto a correr probando el terreno. Mi primer entrenamiento constaba de 13 minutos. TRECE-MINUTOS. Cuando lo leí, me dije, esto es un chiste, ¿cierto?; sin embargo, mi respuesta estaba en la siguiente oración del libro:

“Que quede claro: en la primera fase no se trata de ponernos en forma en cuatro días -aunque algo conseguiremos-, sino de generar satisfacción y de que nos apetezca volver a calzarnos las zapas un par de días después.”

Me pareció bastante elocuente.

He salido de mi casa el martes de la semana pasada y al llegar al parque donde entreno saludé al vigilante. Un hombre de unos cincuenta años que, el único motivo para conocernos de vista es por frecuentar el recinto.

Como les iba diciendo, el primer entrenamiento constaba de caminar por 5’ + trotar 2’ + caminar 2’ + trotar 2’ + caminar 2’ y listo. Fácil, ¿no? Trece minutos de goce. Y fue así, mi respiración era un poco agitada, el cuerpo se sentía pesado y parecía que mis pies habían olvidado como moverse para trotar.

Cuando ya había agarrado el ritmo, llegó el final. Un sentimiento de decepción se apoderó de mí. – ¿Qué, sólo haremos esto? – me dijo mi mente. Tuve que contenerme. No quise quemar ese deseo de por el siguiente entrenamiento. Bien lo dice Serrano: “Tan peligroso es meter demasiada carga en un entrenamiento para alguien… (un principiante), como obligarle a salir prácticamente todos los días”

Liz – Valle del Conejo

No me resultó tan sencillo regresar mi atención a la respiración o concentrarme en cómo se sentía mi pesado cuerpo y los músculos blandos, o notar cómo los pulmones no trabajan igual que antes. No parezco ser yo la que está corriendo y ver mi pulso en 147 por haber corrido 2 minutos es bastante decepcionante.

Sin embargo, de no haber sido por esta rehabilitación mental no hubiera podido describirles cómo me sentía en esos 13 minutos. ¿curioso, ¿no? Que el simple acto de ser consciente de una actividad te comunique con tu cuerpo y este, a su vez, te hable de cómo se siente al respecto.

No tengo expectativas de estas próximas ocho semanas. La meta es correr durante 30 minutos sin perder un pulmón. Sí, no lo niego, me hubiera gustado correr unos 5 kilómetros desde el primer día, pero ¿para qué apresurarme? Estuve casi dos meses sin correr, no hay prisa ni necesidad de autoexigencias. Incluso el vigilante que me dijo: ¿qué? ¿tan rápido? Cuando me vio tomar el camino de regreso a casa. No supe cómo explicarle que estoy volviendo a empezar.