EAT. RUN. REPEAT



Una carta de amor para la Ciudad de México

Palabras de Arturo Espinosa

Hablemos de un poco de cultura. Como corredor de larga distancia (muy amateur, pero que ha ido evolucionando en una perspectiva física y mental), además de ser una persona activa que reside en la Ciudad de México, uno de mis mayores objetivos para conectar por completo con este gran pedazo de concreto que antes era un lago, es participar y comunicarse con la ciudad como si fuera un ser vivo. Puede sonar tonto, pero en la preparación para un nuevo ciclo de entrenamiento, ahora quise probar cosas distintas. Dejar los parques y circuitos cerrados, y ahora crear rutas para correr que tienen cierta energía latente. 

Vamos, la ciudad es un tosco y errante ser que te puede tratar con desprecio. Corro por las vías navegables cada vez que puedo y tengo a la mano, pero, ¿como corredores de distancia no estamos destinados a tomar las calles para esparcir un poco de cultura? Para los niveles de seguridad, y también los de vibración, trato de evitar ciertos pasajes que me harán detener en cada luz roja. Y en un punto que puede sonar bastante poético, creo que correr una distancia que recurra a un esfuerzo nos permite comunicarnos con la ciudad, tanto con la dimensión humana como con el mundo que la envuelve. Nos movemos a nuestro ritmo, pero al mismo tiempo nos movemos al ritmo de la ciudad. 

En alguna ocasión escuché que correr era uno de los actos de rebelión con mayor pureza que existe. Desde ese momento comencé a creer en la acción como un vórtice. Algo enérgico que te arrastra hasta atraparte muy en el fondo. Y aunque correr es un aparato intrínseco que sirve al humano desde tiempos ancestrales para conseguir comida o cualquier situación que se te ocurra, ahora conforma parte de un estilo de vida. A partir de esta premisa desde hace unos 2 o 3 años he desechado la palabra “competencia” de mi vocabulario en la medida de lo posible. Vaya, todos queremos correr más rápido por alguna razón totalmente personal, pero abusar de tu físico se puede convertir algo errático. En este momento, cuando estoy preparando mi tercer maratón, busco que el poner un pie delante del otro en un ritmo constante sea una forma de conexión. Algo que reúna lo físico y lo mental. No soy una persona espiritual, pero sí creo desde hace algún tiempo que la energía o motivación que le pongas a cualquier acción de tu vida le traerá cierta repercusión. 

Es aquí, después de una larga introducción donde doy pie a algo a lo que he querido llegar pero no puedo encontrar las palabras adecuadas, que entra la Ciudad de México como la protagonista de la historia. Nací y crecí aquí. Ahora tengo 29 años, pero desde mi perspectiva tengo unos 4 años corriendo, aunque lo vengo intentando desde hace unos 8. ¿Por qué digo que lo intento? A los 22 o 23 era un inmaduro (aún más) que lo hacía sin conciencia sobre nada. Fumaba tabaco y quería combinarlo con un deporte que expulsa ese vicio en cada tosido. Ahora, cada que corro o me pongo un dorsal lo trato de hacer con claridad en la mente. Soy uno de los mayores inconsistentes en el mundo de correr, pero ahora soy un inconsistente que se esfuerza. Que quiere lograr algo con este deporte. 

Al pensar en todo lo que me rodea y venía en la preparación del maratón, sentí que nuestra ciudad estaba menospreciada cuando se hablaba de la cultura del corredor. Lo sé, ahora mismo puedes nombrarme mínimo unos 10 equipos que entrenan juntos y el hecho de que hay el doble de espacios para practicar el deporte que hace una década, pero, ¿eso es todo lo que somos? ¿Una carrera larga los domingos en Chapultepec y una sesión de pista los martes? No lo tomen a mal, me encanta la diversidad y todos esos pequeños o grandes grupos que se juntan para compartir, pero creo no existe un espacio de apertura del que todos sean parte y esta ciudad sea un verdadero referente para la creación y entendimiento de absolutamente todos los corredores. Al no tener dichos espacios en los que se sientan bienvenidos y aceptados, la mejor forma de crearlo es con el día de la carrera. Y el Maratón de la Ciudad de México para mí es lo que todos necesitamos. 

Si bien al pensar en un gran maratón se me vienen a la mente nombres como Boston, Nueva York o Berlín, aquí siempre ha prevalecido el esfuerzo y lucha de nuestros corredores. Aquí se toma la ciudad cada fin de semana, aunque en realidad se toman las avenidas que todos conocemos. Es por ello que aborde la comunicación y vibración de la ciudad en primera instancia. Que en un ciclo atropellado, estoy intentando crear rutas en las que todos puedan conectar con este territorio. Llevo un par de sesiones largas en las que me sentí relativamente bien. Una de 2’20” que acabó con poco más de 30 kilómetros y otra de 2’35” que culminó arriba de los 32 kilómetros. 

En dichos entrenamientos me propuse no encerrarme en un parque y saciarme de la ciudad del caos. Ese sentimiento del que todos debemos ser parte. Arrancaba de mi casa que se encuentra rodeado de colonias populares y tomaba camino sin rumbo, solo calculando kilometraje para no terminar muy lejos. Pasaba por la Obrera, Portales, la Doctores, Santa Maria La Ribera, Tránsito, Xoco, Escandón, Tacuba, Morelos. Tú dilo, creía que al correr por toda la ciudad podía motivar de alguna manera a que alguien más lo quisiera intentar, aún cuando no corriera, que era posible hacerlo en estos lugares más allá de los circuitos que todos conocemos bien.

Y ahí estaba, a las 7 u 8 de la mañana pasando por las calles de la ciudad que huele a cloro combinado con tierra y en ocasiones hasta a orina con algún otro olor desagradable. Mientras los puestos de comida se van instalando a lo largo de las aceras, acarreaba mi cuerpo de un punto a otro. Esa ciudad que atropella si no esquivas en el segundo correcto. La que te arroja y tiene a todos inmersos en un nivel de estrés altísimo. Y aún con todos los adjetivos negativos que pudiera pensar, es también esa que nos abraza cada que hay un enorme desastre. La de resiliencia y gente que trabaja. La que no se deja caer a pesar de que la misma tierra lo quiere hacer. Fue cuando me di cuenta de la grandeza de la ciudad y de su mismo maratón, que muchas veces es menospreciado y apaleado cuando tiene todo para ser uno de los mejores del mundo. En el que la ruta te reta. En el que la ciudad te quita el oxígeno por la altura. En el que escuchas un grito de aliento en cada calle y zancada. El que es nuestro y debe ser una fiesta. 

Processed with VSCO with b5 preset

Así que esto, aunque pareciera lo contrario, es una carta de amor para la Ciudad de México. Mi casa. A la que puedo llamar hogar. El lugar que me hizo creer que podía culminar un maratón y ahora me vuelve a invitar a  mantener el sueño vivo a pesar de todas las adversidades que existan en el camino. La que tiene herencia prehispánica y piedras volcánicas convertidas en monumentos. Esa que me hace creer que cuando corres siempre puedes dar un poco más. Otro kilómetro. Otro segundo abajo. Otro tempo. Otro fartlek. Otra repetición. Pero siempre está ahí para otro-otro. 


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: