EAT. RUN. REPEAT



«No tienes cuerpo de corredora», me dijeron.

Palabras: Karla Tovar

Fotografias: Rungry México

¿Cuántas personas conoces que no se sientan culpables después de comer? 

Si te costó trabajo pensar en alguna, te invito a que sigas leyendo. 

La mayoría de mi infancia fui una niña gordita y sufrí bastante por eso. Y no es porque tuviera algo de malo, sino, que desde muy pequeñxs nos enseñan que ser “llenita” es lo peor que te puede pasar. Que solo los cuerpos delgados merecen todo: respeto, afecto, amor, orgullo, éxito…y si no lo tienes, automáticamente eres descartado de todo eso. 

Mi infancia.

El “monstruo” fue alimentándose a medida que crecía, así que cuando llegué a la adolescencia, desarrollé múltiples trastornos alimenticios. No recuerdo nada que haya disfrutado de esa época, comer era un martirio y la culpa era inmensa. 

Mi teoría era simple, pensaba que si dejaba de comer, por fin tendría ese cuerpo delgado y tendría “todo”. Ese todo del que te hablé arriba. 

Como podrás imaginar, nada de eso salió bien y lo único que logré fue ponerme en peligro. Estaba flaca, pero también pude morir.

Y aunque no lo creas, correr también me salvó de este problema que afecta a millones de personas. 

Cuando empecé en este deporte me di cuenta que por una parte aligeraba mi ansiedad, y por otra, me mantenía saludable. 

Sin embargo, llegar a este punto donde estoy ahora todavía me costó bastante tiempo.  Envuelta en este nuevo mundo tenía que lidiar con otros estereotipos. 

“¿Apoco corres? No parece, no tienes cuerpo de corredora.“ Recuerdo que fue el comentario que hizo una persona cuando platicaba que asistí a una carrera. 

Carrera Bonafont 2016

En aquella época le daba mucha importancia a lo que los demás opinaran sobre mi cuerpo y lo primero que hice fue volverme a obsesionar y compararme con los demás, con tal de conseguir ese “cuerpo de corredora” 

Después de muchos meses de lidiar con ese sentimiento, decidí ponerle fin y buscar a un nutriólogo deportivo. Me enfoqué en aprender a comer, en seguir los entrenamientos y exigirme. Todos los meses tenía que medirme, pesarme y revisar los avances. 

Pero no todo fue malo, la realidad es que buscar ayuda profesional me ayudó a darme cuenta que la comida no era mala y a soltar un poco el control, por primera vez en mi vida comía 5 o 6 veces al día, por primera vez en mi vida lo disfrutada. 

Después de 3 meses, mi cuerpo era mucho más “atlético”, lo había logrado, pero….¿y luego? Seguía sin estar conforme. En esta etapa, llegó otro comentario de otra persona: “Estás muy flaca, ya no hagas tanto ejercicio” 

Noviembre 2020

Ahí fue cuando entendí que lo único que estaba haciendo era obsesionarme con lo que los demás pensaban de mí. Mi cuerpo jamás tuvo algo malo, siempre fueron las expectativas de otrxs. Estaba tratando de complacer a los demás a toda costa, incluso de mí misma. 

Y quiero reafirmarte que “el cuerpo de corredor” NO EXISTE . Sí corres, ya eres un corredor/a, así de simple.

Me di cuenta que lo único que necesitaba era encontrar el equilibrio. Sé que la comida es parte importante en la vida de un atleta, así que trato de poner en práctica todo lo que aprendí con mi nutriólogo, sobre todo cuando estoy en un ciclo de entrenamiento para un objetivo en específico. Sin embargo, tampoco vivo de correr ni soy una atleta elite, no es mi objetivo, así que tampoco me restrinjo al comer, simplemente hago un balance

Después del Medio Maratón de Brooklyn.

No te voy a mentir y decirte que desde ahora nada me preocupa o que la perfección de las redes sociales no me afecta, es un trabajo constante. Pero enfocarme en lo que YO quiero y dejar de ver a todos lados, también me ayudó a vivir más ligero y hacer las paces con la comida. 

Pues para mí, los momentos más memorables en mi vida han pasado en una comida, un desayuno, compartiendo una cerveza o unos tacos con familia o amigxs. La comida siempre ha sido parte importante de nuestras tradiciones y por eso, también es parte importante de este proyecto. 

Y recuerda, si no se nos pide nuestra opinión sobre el cuerpo ajeno, no la damos.

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