Al final solo se trata de correr

Por Arturo Espinosa


Darle la mano a la soledad es una tarea titánica, abrazarla y enriquecerte con ella es un trabajo para toda la vida.


Lo más complicado de querer ser un corredor de distancia larga es aprender a respetarte. No compararte, no hacer los ejercicios de otros que ves en redes sociales, no tener los mismos sueños, no ser una copia. El lado opuesto y el realizable de acuerdo a tus posibilidades (tanto físicas como económicas) es el más satisfactorio. Zancar las piernas a tu estilo, mirar tus propósitos cumplidos con una sonrisa, cambiar tu forma de pensar, empezar a creer en una cierta espiritualidad que te regala correr. Como nos orientaba Murakami en alguna ocasión, ‘un vacío acogedor y casero’.

Corrida nocturna por las calles de Azcapotzalco y Miguel Hidalgo

Cuando corro en la Ciudad de México, si es que no estoy haciéndolo rutinariamente en el Bicentenario, siempre salen más preguntas que respuestas. ¿Por qué? ¿Por qué la ciudad es tan agresiva con los corredores? ¿Por qué todas las rutinas de larga distancia están empeñadas a realizarse en la zona céntrica? ¿Qué sucede con los barrios que sí son barrios? ¿La descentralización algún día llegará a nuestra sucia capital y podremos ver comunidades, espacios y una verdadera cultura? Trato de cambiarlo a mi manera, arrancando desde mi calle y llevando mis piernas hacía la soledad. Al silencio nostálgico que empieza a llenarse de bullicio, smog, humo de tamaleros y pitidos de claxón de autos que deben llegar con la mayor rapidez posible a su destino. Una ciudad que vive una euforia desmedida sin fundamentos.

Una típica taquería callejera

Todo lo que podrías imaginar que tiene una gigantesca urbe, lo tiene la Ciudad de México. Cuando salgo por las mañanas me gusta pensar, que además de mí, hay cientos de personas que están viendo el graffitti mal logrado, a las personas instalando su puesto ambulante, al joven de la bicicleta llevando alguna mercancía o al perro callejero que empieza a buscar su primer bocadillo del día, en vez de mirar su reloj y preocuparse por su frecuencia cardiaca.


No lo tomes a mal, me encanta competir, pero cada carrera no es una competencia. Cuando estoy en ciclo y cuando no estoy en ciclo, que es casi todo el tiempo (si esa analogía se puede entender que me gusta correr sin tener alguna meta en especial), tomo las distancias largas como una manera sencilla de decirle a mi cuerpo y a mi mente que la ciudad es un regalo. Uno que dura 90 o 120 minutos de frío viento en el rostro. Uno para encasillarme en la música y escucharla, pero de verdad escucharla. Uno para frotar el pavimento y agradecer que pude hacer esto de nueva cuenta. Uno para enseñar que mi ciudad es mucho más que tiendas de lujo en Masaryk o un potente pulmón de vida como Chapultepec. Y aunque claro que me verás pasar por esas avenidas y sitios concurridos por decenas de aficionados como yo los fines de semana, ya habré manchado mis suelas con la México-Tacuba y esquivando peatones por Cuitláhuac.


Correr nos enseña a perseguir la creatividad, y sobretodo la claridad. Hace que los pensamientos vengan con menos bucles y las construcciones sean más sencillas. Creo por eso muchos grandes sabios de esto atañen el correr como un deporte mental. Los kilómetros y las millas siempre serán más sencillas cuando profundizamos con nuestra esencia y declaramos que esto va mucho más allá de los súper tenis, la ropa con una mercadotecnia gigantesca y la falsa creencia de elección en ese ámbito.

13k un lunes por la noche

Mientras corremos alrededor de un parque o cruzamos la ciudad entera en una sesión para algún maratón o por mera diversión, seguimos creyendo que al final solo se trata de correr. Que aunque suene como una frase de «poco compromiso», es más bien un discurso de apertura e inclusión, porque correr es un deporte para compartir y hasta trascender como individuos. Es esa la grandeza y el compromiso personal a perseguir.

Por si llegaste hasta este punto, donde quise sacar varias ideas que tenía en mi cabeza desde hace algunos meses, seguiremos corriendo y el espacio abierto sigue aquí como la única constante. Sin frases motivacionales de redes sociales ganadoras. Sin excluir a nadie por dónde viven y pueden correr. Y esperamos, con el paso del tiempo, Rungry sea el espacio que estabas buscando y se adapte a tus necesidades como corredor. Nos vemos en mayo para iniciar un ciclo en conjunto para el Maratón de la CDMX. Disfruta de una corta playlist para un viaje tranquilo.


Publicado por rungrymx

Somos corredores, apasionados por las distancias largas.

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