Correr no me hace feliz todo el tiempo

Por Karla Tovar

Así como lo lees. Aunque en redes sociales parezca lo contrario, correr no me hace feliz todo el tiempo. ¿Por qué? Porque simplemente  la vida no es perfecta, porque no solo soy corredora, también soy un ser humano que tiene que lidiar con diferentes situaciones en la vida, buenas y malas. 

Ojalá mi vida se centrara solo en correr pero no es así. 

Los últimos meses del 2021 fueron muy complicados por muchas razones. En Octubre nos enteramos que uno de nuestros perros tenía cáncer y no se podía hacer nada al respecto; solo esperar, vivir al día y estar preparados para lidiar con el dolor cuando fuera el momento. Llevábamos ahorrando para el Maratón de California más de 6 meses y tuvimos que cambiar todo en 2 días porque el COVID 19 sigue haciendo de las suyas y el tema de las vacunas se convirtió en un tema político. Esto implicaba mucho más esfuerzo, más dinero y volver a organizar todo. Sé que muchos corredores/as no lo mencionan, pero correr en el extranjero representa un desafío y no es para nada barato. Sin duda la experiencia es única pero creo que es importante dejar de aparentar que nada cuesta trabajo y que si quieres viajar por el mundo (siendo un mexicano promedio como nosotros) hay que trabajar y privarte de algunas cosas para conseguir otras. 

Además de todo eso, tenía que lidiar conmigo misma. Con mis propias inseguridades, con mis propios miedos… me sentía perdida en muchos aspectos. Sentía que nada de lo que estaba haciendo tenía sentido, incluso con Rungry. Empezaba a compararme con otros creadores de contenido, me desanimada saber que las mujeres no asistían a los trotes que organizábamos (de esto profundizare después) y no entendía porqué la mayoría de corredores/as competían tanto por ser populares y su afán por tener miles de seguidores en redes sociales sin crear conexiones reales. 

Todo iba cayendo como efecto dominó. 

Aún con todo eso, viajamos y dejé que la “Karla del futuro” se estresara cuando volviera a México por todas esas cosas. 

Una ventaja de la pandemia es que ahora podemos trabajar desde cualquier parte del mundo, por lo menos los que nos dedicamos a los medios digitales. Esto nos permitió seguir trabajando y no padecer en un país tan caro como Estados Unidos.

Disfruté muchísimo salir de mi zona de confort. Conocer nuevos lugares y personas es algo gratificante, aprendí mucho. Creo que esas experiencias son de las cosas que siempre perduran en tu vida, no lo material. 

Diciembre fue el mes que MENOS kilómetros acumulé, incluso hubo una semana en la que solo corrí 3 kilómetros. Después de regresar de California es como si hubiera chocado de frente con una pared gigantesca. Las piernas no me respondían, sentía que cada vez que corría cargaba dos costales de piedras, no tenía ganas de correr rápido, estaba harta de la presión social y decepcionada del mundo que me tocó. Me sentía estancada en muchos aspectos. 

En el libro de “¿De qué hablo cuando hablo de correr?” de Haruki Murakami leí alguna vez sobre el fenómeno de “Runner’s blue, la tristeza del corredor” que define: 

“Entre el correr y yo se había presentado esa época de pereza y hastío que les llega a muchos matrimonios. Esa época dominada por la desilusión de no ver recompensados suficientemente, los esfuerzos y la sensación de bloqueo, porque esa puerta que debería estar abierta se ha cerrado irremisiblemente en algún momento. Denominé a eso Runner’s Blue, la “tristeza del corredor”.

(…) Ya no conseguía localizar en mi interior tan claramente como antes el entusiasmo por “querer correr”. No sé por qué. Pero no podía negarlo. Algo había ocurrido en mi interior”. 

No sé si es lo que me pasó pero definitivamente lo que sentía era similar. Perdí por completo las ganas de correr, sentía que estaba en un loop infinito: despertar, correr, comer, dormir. Me enojaba solo el hecho de pensar en salir a correr, me ahogaba en la rutina y el estrés por no poder controlar nada de lo que estaba pasando y esto empezaba a causar estragos en mi cuerpo. 

Dejé de usar mi reloj y salir sin celular para evitar preocuparme por el tiempo y me di cuenta lo dependientes que nos volvimos a la tecnología y las cosas materiales. Aunque no traía reloj, cada vez que me detenía, inconscientemente miraba mi muñeca o trataba de detener el temporizador. Esa maldita presión por tener todo extremadamente controlado, en ser perfectos todo el tiempo y en no fallar en ningún momento se reflejan en cosas tan tontas como no usar dicho accesorio un día. 

La última semana del 2021 trajo muchas sorpresas y en un instante todo dio un giro de 180 grados. Llegué a los 30 años, me ofrecieron un nuevo trabajo, tuve increíbles charlas con amigos y familiares que me hicieron valorar más cada instante que compartimos. Conocí a nuevas personas gracias a Rungry. Poco a poco todo iba volviéndose a acomodar y mis pies regresaban a la Tierra. 

Después de todo este contexto que acabo de darte sobre mis momentos más oscuros del 2021, me di cuenta (el último día del año) que puedo lograr todo lo que quiera, que a veces le damos mucha importancia a lo que piensan los demás sobre nosotros y dejamos de escribir nuestra propia historia, que está bien hartarnos de la vida de vez en cuando y querer un cambio. 

Porque sin cambios no hay progreso.

Y una de mis prioridades este año es marcar un cambio con este proyecto. Mostrarte que el mundo es diverso, que hay oportunidades para todxs, que está bien ser diferente y que la perfección solo existe en las películas. Ofrecerte un espacio en el que puedas ser tú mismx, así, sin ataduras. 

Si estás pasando o pasaste por un momento similar, lo importante es que reconozcas qué es lo que te está frenando y te des permiso de estar mal; pero que todo eso que te hace sentir mal, también sea un impulso para mejorar.  A veces lo único que nos frena es el miedo, el miedo a equivocarnos. El miedo a no cumplir los estándares de los demás. 

Y cómo bien me dijo un gran amigo cuando le conté sobre mi nuevo trabajo: “Es irremediable equivocarte. Lo harás de alguna manera. Pero vas a saber cómo solucionarlo y lidiar con ello, eso es lo que te va a distinguir, no el error”. 

Tengo muchos retos que afrontar en el primer trimestre del 2022 pero el primer aprendizaje que me dejó el año pasado, fue a disfrutar mucho más el presente, pues es de lo único que tenemos certeza. 

Sé que la alegría por correr muchos kilómetros volverá de a poco, que trazarme objetivos claros y reunirme con personas que me inspiren me ayudará a seguir en el proceso de superarme. 

Estoy segura de que volverá y volveré más fuerte. 

Todas las fotografías que ilustran esta nota fueron tomadas por Natalia para su proyecto ‘Morras on Sports’. Te invitamos a conocer su trabajo:

https://www.instagram.com/weare.morrasonsports/

Publicado por rungrymx

Somos corredores, apasionados por las distancias largas.

2 comentarios sobre “Correr no me hace feliz todo el tiempo

  1. Wooooooowww!!! Justo me llegó sintiéndome igual, se siente bien saber q no soy el único, gracias por cada palabra q te dan ese respiro q necesitaba q me liberaron de culpa y me devuelven esa chispa q en su momento no encontraba, hacen un gran trabajo y me encanta, de verdad quisiera poder verlos pronto y correr con ustedes en algún momento.
    Les mando un fuerte abrazo!!!

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    1. ¡Gracias por leernos! Hay que normalizar hablar de estos temas y dejar de perseguir esa falsa realidad que a veces nos dan las redes. Somos seres humanos y todos lidiamos con procesos distintos. Te enviamos un abrazo y con gusto, escríbenos y nos ponemos de acuerdo 😀

      Me gusta

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