Adaptándome al cambio

Una visión de Arturo Espinosa

Todo parece insignificante cuando volteas al 2020. El mundo se volvió una pieza caótica que se iba derrumbando de a poco. La analogía perfecta que encuentro es la pequeña bola de nieve que se hizo gigante y nos alcanzó a todos. Quien diga lo contrario o que su vida no tuvo ningún cambio,
muéstrale el significado de empatía.

Correr debería ser lo menos estresante que debe existir en tu vida en este momento, y forzarlo podría ser el peor error que siempre solemos cometer.
Después de todo lo que he aprendido, y lo que sigo recordándome cada que salgo a recorrer la ciudad o la montaña, es que muchos no pueden darse el lujo de correr. Sí, el año pasado nos robó el control, pero, ¿en verdad lo teníamos? Solo nos demostró lo poco y pequeños que somos.

Puede que ahora estés concentrado para una de las tantas carreras virtuales que nos acechan o ilusionado por la temporada de maratones en otoño, pero no debes olvidar que la única constante es el cambio. Y que no le debes nada a nadie, cuando el esfuerzo es para ti, todo cuenta. La deuda es personal. El temido 2020 me mostró cómo soltar el volante. No porque dejara todo a la deriva, pero debes aceptar que se presentan desafíos y lo único que necesitas es seguir intentando.

En otro momento de mi vida diría que son obstáculos y forzaría los procesos, más no aprendería de ellos. Fluir en la dirección correcta. Montarte dentro de la marea y surfear dentro de la ola, no nadar contra la corriente. En ocasiones lo único importante es disfrutar el viaje.

6:17 AM . Paseo de la Reforma

En un presente alterno donde la pandemia no hubiera tenido lugar, estaría tan empeñado en cumplir al pie de la letra un proceso que no escucharía a mi cuerpo, y posiblemente me lesionaría, y aún con ello, seguiría intentado. Porque en ocasiones, aunque neguemos que sucede, somos persistentes en ser nuestro peor enemigo. Sentarte dos semanas a sanar parece una locura. Queremos seguir tirando los 300/400 kilómetros mensuales a modo tirano. Y es la gran lección que me trajo el año pasado: las variantes siempre están presentes.

La próxima vez que prepare un maratón, debe ser un pensamiento recurrente aún en los momentos más frustrantes. En un mundo donde los teléfonos son una herramienta que se adhiere a la palma de la mano, es sencillo ver qué tipo de entrenamiento está haciendo la gente a diario y es imposible no pensar: «¿por qué no puedo ser así? ¿Qué me falta para ser más rápido o cubrir una cuota de kilometraje semanal?»

Para esos momentos aprendí a responderme: ¿es lo que tú estás buscando? Siempre suele ser una negativa en mi cabeza. Ese ‘no’ me ha llevado a buscar qué quiero compartir, no solo en el mundo digital, también con mis personas más cercanas. En el camino me di cuenta todo lo que desde mi interior estaba haciendo mal.

Corre tu ciudad

Buscar likes, querer ser popular, la maldita aprobación, alimentar el ego con un click. Mierda, hay muchísimas personas tratando de conseguir lo mismo. Queriendo ser lo mismo. Como dijo Trent Reznor: “Soy solo una copia de una copia de una copia”. Eso no es lo que buscaba. Noté que, aunque fuera un corredor amateur, y a los ojos de muchos uno muy malo, quería mostrar cómo un deporte puede cambiar la visión de tu vida.

Fluir mejor, ser más estable, alimentarme para agradecerle a mi cuerpo todo lo que hace, tener conciencia es mis actos, informarme sobre situaciones que desconocía, acercarme a lo natural, sentir desconexión por un par de horas, quitarme el peso de los estereotipos, disfrutar un momento a solas conmigo, preocuparme más por las personas que amo, aunque no sea bueno en expresarlo de frente. Todo eso entre un largo etcétera, se aprende a diario.

Apreciar la arquitectura de los edificios, descubrir la ciudad de madrugada,
los negocios cerrados, los ambulantes instalándose en las aceras. Todo eso me enseñó correr y es en lo que pienso cada vez que rungry aparece en mi cabeza. Cuando volteó en retrospectiva, el 2020 no solo me mostró cómo soltar, también me llevó a apreciar lo que de verdad importa.

La familia, mi novia, mi mascota, el poder correr juntos algunos kilómetros, el luchar juntos por los sueños, hacer que cada carrera cuente, disfrutar en paz 15 minutos de café, el sabor de un desayuno después de un entrenamiento intenso. La resiliencia está y la duda siempre es agotadora, no dejes que consuma tu vida e inténtalo. Deja a un lado lo habitual, lo que todos hacen y encuentra los rituales que a ti te hagan feliz. Hazlo por esas malditas millas.

Si quieres escribir sobre algo que esté pasando en tu vida y que incluya correr, no dudes en mandarnos un mensaje.

Publicado por rungrymx

Somos corredores, apasionados por las distancias largas.

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